Los alimentos tóxicos no siempre se presentan con un aspecto alarmante ni vienen acompañados de un olor extraño que nos haga sospechar de inmediato. Muchas veces están ahí, en la nevera o en la despensa, camuflados entre rutinas heredadas y costumbres que aprendimos en casa, como la de no tirar comida y aprovecharlo todo hasta el final. Una práctica sensata, sí, pero que también puede jugarnos una mala pasada si no sabemos cuándo parar.
Los alimentos tóxicos forman parte de esas excepciones que conviene conocer bien, porque el riesgo no siempre se ve a simple vista. Miguel Assal, experto en emergencias, ha querido poner el foco en tres productos muy comunes que solemos tener en casa y que, en determinadas condiciones, nunca deberían consumirse, por mucho que nos cueste tirarlos a la basura.
2Envases abultados y el riesgo del botulismo
Entre los alimentos tóxicos también están aquellos que parecen normales por fuera, pero dan señales claras de alarma si se observa con atención. Latas, botes o tarros con la tapa ligeramente hinchada son un ejemplo clásico. Ese abultamiento, que a veces pasamos por alto, puede indicar la presencia de la toxina del botulismo, una de las más peligrosas que existen.
El botulismo es poco frecuente, pero extremadamente grave. Ataca al sistema nervioso y sus síntomas pueden aparecer horas después de la ingesta, con dificultad para hablar, tragar o respirar, visión borrosa, debilidad muscular e incluso parálisis. En estos casos no hay medias tintas, es decir, si un envase no está en perfecto estado, no se prueba, no se huele y no se “aprovecha”, se tira directamente.





