La inflamación no solo está en el plato: el papel oculto de las emociones, según dos expertas

Dos expertas nos explican por qué el estrés, las emociones y el ritmo diario pueden inflamar tanto como una mala alimentación y por qué mirar solo al plato ya no es suficiente.

La inflamación se ha convertido en una de esas palabras que escuchamos cada vez más, casi siempre asociada a lo que comemos y a los excesos en la mesa. Sin embargo, reducirla solo al plato es quedarse corto, ya que en realidad, también tiene mucho que ver con cómo vivimos, cómo sentimos y cómo atravesamos épocas de estrés emocional, cambios de rutina y presión social, algo especialmente visible en momentos de celebraciones o desajustes prolongados.

La inflamación, explican las expertas, no aparece de un día para otro ni responde a una sola causa, sino que es más bien el resultado de una suma de factores en la que entran en juego la alimentación, el descanso, la gestión emocional y la relación que tenemos con nuestro propio cuerpo. Entender esa conexión es clave para dejar de culpabilizar solo a la comida y empezar a mirar el cuadro completo, que es bastante más complejo de lo que parece.

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La inflamación empieza en el intestino, pero no se queda ahí

“El estrés y la ansiedad se notan en el intestino”. Fuente: Freepik

La inflamación tiene una relación directa con el sistema digestivo, un órgano que está en comunicación constante con el cerebro a través de nervios, hormonas y el sistema inmunitario. Cuando vivimos situaciones de estrés emocional, ansiedad o sobrecarga mental durante varios días, el cuerpo entra en modo alerta y eso se nota, y mucho, en el intestino. La digestión se vuelve más lenta, se producen menos enzimas y el aparato digestivo se vuelve más sensible al dolor y al malestar.

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Paloma García Zubieta, psicóloga sanitaria, explica que cuando hay desregulación emocional, el sistema digestivo suele ser el primero en resentirse. Se altera la microbiota intestinal, se favorecen procesos inflamatorios y aparecen síntomas como hinchazón, gases o pesadez. No es solo lo que se come, sino desde qué estado emocional se hace, y esa diferencia cambia por completo la respuesta del cuerpo.

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