Las infusiones funcionales han pasado de ser una simple bebida reconfortante a colarse en muchas rutinas diarias, sobre todo después de épocas de excesos en las que el cuerpo pide un pequeño respiro. Comidas copiosas, horarios desordenados o semanas de poco descanso hacen que muchas personas busquen algo sencillo, natural y fácil de incorporar al día a día, sin promesas imposibles ni soluciones mágicas que nunca llegan a cumplirse.
Las infusiones funcionales despiertan interés precisamente por eso, porque no hablan de milagros ni de dietas exprés, sino de apoyo y equilibrio. La clave está en entenderlas como un complemento que acompaña al organismo en su funcionamiento normal, ayudando a aliviar pequeñas molestias y a recuperar sensaciones de ligereza, calma o energía cuando más se necesitan, siempre desde una mirada realista y sensata.
2Cómo actúan en el organismo tras los excesos
Cuando el objetivo es mejorar la digestión, las infusiones funcionales pueden ayudar a reducir la hinchazón, los gases y esa sensación de pesadez tan común después de comidas abundantes. Ingredientes como el jengibre, la menta o el hinojo estimulan el movimiento natural del sistema digestivo y favorecen un tránsito más regular, todo de manera progresiva y respetuosa con el cuerpo.
También existen infusiones funcionales pensadas para apoyar la función depurativa del organismo, ayudando al hígado y a los riñones en su trabajo diario. Plantas como el diente de león o el cardo mariano se utilizan por su efecto suave pero constante, especialmente útil en momentos en los que se ha comido de más o se ha abusado de alimentos poco ligeros, siempre entendiendo que su papel es de acompañamiento y no de solución inmediata.






