En pleno 2026, la pregunta sobre cuánto cae en la cuenta corriente de quienes visten el uniforme ya no tiene una respuesta única, sino una escala de grises marcada por el BOE. Las Fuerzas Armadas españolas han vivido un proceso de ajuste en sus retribuciones, donde un soldado o marinero empieza a percibir unos 1.350 euros netos al mes como base operativa. Este punto de partida es el suelo de una estructura piramidal que busca recompensar la jerarquía y, sobre todo, la especialización técnica en un ejército cada vez más tecnológico.
No obstante, las cifras brutas anuales cuentan una historia de progresión constante a medida que se escala en el escalafón. Mientras que el sueldo más alto puede rozar los 60.000 euros anuales para un General del Ejército, la realidad del día a día para la mayoría se sitúa en los rangos intermedios. Aquí, el factor clave no es solo el empleo, sino el componente singular del complemento específico, ese plus variable que depende de si estás en una oficina en Madrid o en una unidad de élite con disponibilidad permanente.
El sueldo base y la jerarquía de los grupos salariales
La estructura de la nómina militar nace en los subgrupos de clasificación de la administración pública, donde cada rango tiene su sitio asignado. Un teniente, integrado en el grupo A1, parte de un salario base mensual que, sumado a sus complementos de empleo y destino, le permite alcanzar unos 2.300 euros netos mensuales. Es la recompensa a años de formación en academias donde la responsabilidad sobre el personal y el equipo se paga como un extra de mando indispensable.
Por debajo, en el grupo A2, encontramos a los suboficiales, los verdaderos motores de las unidades. Un sargento en España durante este 2026 percibe aproximadamente 1.800 euros netos al mes, una cifra que se estira ligeramente con la antigüedad acumulada. Estos profesionales son el puente necesario entre la oficialidad y la tropa, y es donde la retribución por trienios empieza a notarse de forma significativa en el cómputo anual tras varios años de servicio.
Los complementos: donde se decide la verdadera nómina
Si miras un recibo de haberes militar, verás que el sueldo base es solo una pequeña parte del pastel total. El complemento de empleo y el de destino son los que realmente engordan la cifra, ajustándose al nivel de responsabilidad que cada puesto exige. Por ejemplo, un cabo primero permanente cobra más que uno temporal, porque su compromiso con el Estado le otorga el derecho a trienios y a una estabilidad retributiva superior.
Pero el verdadero «baile» de números llega con el complemento específico singular, que varía según la unidad. No cobra lo mismo un soldado de infantería que un especialista en ciberdefensa o un tripulante de los nuevos submarinos S-80. Es precisamente en estas unidades especiales donde el riesgo y la penosidad se traducen en un ingreso extra mensual que puede suponer la diferencia entre llegar justo a fin de mes o tener un ahorro digno.
La realidad de la tropa y la marinería en 2026
La escala de Tropa y Marinería, encuadrada principalmente en el grupo C2, sigue siendo la base más numerosa y, a menudo, la más sujeta a debate. Un soldado recién ingresado tiene un salario bruto anual que ronda los 18.127 euros, lo que se traduce en esos mencionados 1.350 euros netos mensuales. Aunque el Gobierno ha aplicado subidas lineales en los últimos años, la equiparación con otros cuerpos de seguridad sigue siendo una reivindicación constante en los cuarteles.
A pesar de estas cifras, muchos soldados encuentran en los incentivos por misiones en el extranjero su mayor alivio financiero. Participar en una operación internacional puede duplicar o incluso triplicar el sueldo mensual gracias a las dietas de manutención y alojamiento. Es el momento en que la vocación de servicio se encuentra con una recompensa económica que permite a muchos profesionales plantearse hitos personales como la compra de una vivienda.
Perspectiva de futuro y la lucha por la vivienda
El testimonio de los propios militares en 2026 refleja que, más allá del salario, el mayor quebradero de cabeza es el coste de la vida en determinadas plazas. En ciudades como Madrid o Barcelona, un sueldo de 1.500 euros mensuales para arriba se queda corto cuando el alquiler devora más de la mitad de la nómina. Por ello, el problema de la vivienda se ha convertido en el principal foco de preocupación para las familias militares que deben cambiar de destino cada pocos años.
Para paliar esto, Defensa mantiene ciertas ayudas al alquiler y residencias logísticas, pero la oferta no siempre cubre la demanda creciente. En definitiva, ser militar en España hoy ofrece una estabilidad que muchos sectores envidian, pero la exigencia de movilidad geográfica obliga a que el salario deba analizarse siempre en el contexto del coste real de la vida. Es un equilibrio delicado entre el orgullo de servir a la patria y la necesidad de mantener una economía doméstica saneada.
El generalato: la cúspide de la pirámide retributiva
En la cima de este sistema se encuentran los oficiales generales, cuyos sueldos reflejan la máxima representación y mando dentro de las Fuerzas Armadas. Un General de Brigada puede percibir unos 3.200 euros brutos mensuales solo como base, pero al sumar todos los complementos de alta dirección, su nómina anual supera con creces los 45.000 euros. Es un nivel de ingresos parejo al de altos cargos de la administración civil, acorde a la gestión de presupuestos millonarios y misiones estratégicas.
Aun así, llegar a este punto requiere décadas de servicio, sacrificios familiares y una hoja de servicios impecable. La diferencia salarial entre el eslabón más bajo y el más alto es notable, pero la estructura salarial militar busca ser un reflejo fiel de la meritocracia. Al final del día, ya seas soldado o almirante, el sueldo es la contrapartida a una disponibilidad de 24 horas que pocos otros trabajos en España exigen con tanta severidad.






