El colesterol lleva años señalado como uno de los grandes villanos de la salud, aunque la realidad es bastante más matizada de lo que muchos creen. No son pocas las personas que se cuidan, comen de forma equilibrada y hacen ejercicio con regularidad y aun así reciben una analítica que muestra cifras elevadas, algo que genera desconcierto y frustración a partes iguales.
En los últimos años, varias voces expertas han empezado a cuestionar la explicación clásica que culpa únicamente a la dieta. Entre ellas, la nutricionista funcional Sara Jiménez Valdericeda, que apunta a un factor menos visible pero mucho más determinante, la inflamación crónica, un estado que altera la forma en la que el cuerpo gestiona y recicla el colesterol.
1La inflamación que muchas veces no se ve
El colesterol no se mueve solo ni actúa de forma aislada dentro del organismo. Cuando el cuerpo está en equilibrio, el metabolismo funciona con normalidad y las grasas se procesan sin generar problemas, incluso aunque las cifras no sean perfectas. El conflicto aparece cuando existe inflamación crónica de bajo grado, algo cada vez más habitual y que muchas veces pasa desapercibido.
En ese contexto inflamado, el cuerpo pierde capacidad para reciclar correctamente el colesterol, que permanece más tiempo en sangre y se oxida con mayor facilidad. Por eso, según la experta, culpar únicamente a la dieta resulta simplista y no explica por qué hay personas con hábitos saludables que siguen viendo alterados sus resultados.





