Ya está lista la puesta en marcha del Steadfast Dart 26, el ejercicio militar multinacional más ambicioso de la OTAN en el presente curso y uno de los más importantes teniendo en cuanta la actual situación pre bélica frente a Rusia. Esta maniobra a gran escala no es simplemente un entrenamiento rutinario, sino el examen definitivo para la Fuerza de Reacción Aliada (ARF).
Esta nueva unidad de despliegue ultra rápido representa la vanguardia de la Alianza y ha sido diseñada específicamente para dar una respuesta contundente ante cualquier crisis en un plazo de apenas unos días. El objetivo central de este despliegue es demostrar que la OTAN posee la agilidad necesaria para proyectar fuerzas de manera masiva y coordinada desde puntos geográficos distantes hacia una zona de conflicto simulada, garantizando que tropas de naciones tan diversas como Alemania, Turquía o España operen bajo una sincronía absoluta.
El ejercicio se fundamenta en la interoperabilidad, un concepto técnico que busca asegurar que los diferentes equipos, lenguajes operativos y doctrinas militares de los países miembros se fundan en una sola maquinaria de guerra eficiente. En esta ocasión, la dirección de las operaciones recae sobre el Mando de la Fuerza Conjunta de Brunssum, ubicado en los Países Bajos, desde donde se coordinan los movimientos de aproximadamente diez mil efectivos pertenecientes a once naciones aliadas. Entre los participantes destacan potencias militares como el Reino Unido, Francia e Italia, que junto a sus socios buscan validar una estructura capaz de responder a las amenazas contemporáneas de forma autónoma.

DESPLIEGUE CON CLAROS TINTES EUROPEISTAS
La geografía del Steadfast Dart 26 dibuja un mapa de movimientos complejos que atraviesan el continente de sur a norte y de oeste a este. Alemania actúa como el centro logístico y el área principal de entrenamiento, sirviendo de nudo de comunicaciones para las tropas que fluyen desde las costas mediterráneas de España, Italia y Turquía hacia el centro de Europa y las inmediaciones del Mar Báltico.
El calendario de las maniobras comenzó a ejecutarse en enero con las primeras fases de despliegue, dejando el plato fuerte para febrero, mes en el que se desarrollan las maniobras principales de adiestramiento en campo. Lo que distingue a esta edición es su carácter multidominio, integrando no solo medios terrestres convencionales como tanques y blindados, sino también un imponente despliegue naval encabezado por el portaeronaves turco TCG Anadolu, fuerzas aéreas, unidades de operaciones especiales y, de forma crucial, componentes de ciberdefensa y seguridad espacial.
La estructura del ejercicio se divide en dos etapas críticas. La primera es la fase de proyección, un reto logístico sin precedentes donde se ensaya el transporte de miles de soldados y cientos de vehículos por tierra, mar y aire bajo una presión temporal extrema. El éxito de esta etapa reside en la capacidad de converger en un punto específico en el menor tiempo posible para establecer una línea de defensa.
Una vez posicionadas, las unidades pasan a la fase de adiestramiento, donde se ejecutan simulacros de combate real frente a un adversario de capacidades similares, conocido técnicamente como near-peer adversary. Este escenario busca preparar a la Alianza para una guerra de alta intensidad, priorizando la defensa colectiva del territorio frente a potencias que cuentan con tecnología y armamento equiparable al occidental.

LIDERAZGO DE ESPAÑA EN LA VANGUARDIA ALIADA
Dentro de este complejo engranaje, España ha conseguido elevar su perfil estratégico hasta convertirse en uno de los pilares fundamentales de la ARF. Con un contingente de mil quinientos militares, la aportación española va mucho más allá de la fuerza bruta, asumiendo mandos de alta responsabilidad en la estructura de combate. El país lidera el Mando Componente de Operaciones Especiales (SOCC) a través del Mando Conjunto de Operaciones Especiales (MCOE).
Esta responsabilidad implica coordinar las misiones de las fuerzas de élite de todos los países participantes, una tarea que requiere una excelencia técnica que la OTAN ha validado por segundo año consecutivo. A este esfuerzo se suma el Ejército del Aire y del Espacio, que aporta equipos de enlace para garantizar que las operaciones terrestres y especiales cuenten con un apoyo aéreo quirúrgico y eficaz.
En el plano terrestre, la Brigada «Almogávares» VI de Paracaidistas, conocida popularmente como la Bripac, constituye el núcleo de la fuerza de choque española. Para este ejercicio se han movilizado más de ciento cincuenta vehículos, entre los que destacan los blindados VAMTAC. El traslado de estos recursos ha supuesto un desafío logístico formidable, utilizando redes ferroviarias europeas y barcos de transporte tipo Ro-Ro para conectar los puertos españoles con las terminales de Grecia y Alemania. El objetivo es ensayar la convergencia en tiempo y espacio, asegurando que los paracaidistas españoles estén listos para entrar en combate en el momento exacto en que se les asigne una posición en el frente.

MENSAJE DE AUTONOMÍA EUROPEA
La vertiente marítima del Steadfast Dart 26 también cuenta con un marcado acento español. La Armada ha desplegado una fuerza de tareas liderada por el Buque de Asalto Anfibio Castilla, que funciona como plataforma de mando para el Estado Mayor de las Fuerzas Marítimas Españolas. La protección de este centro neurálgico recae sobre la fragata Cristóbal Colón, un buque de la serie F-100 que destaca por ser uno de los más avanzados del mundo en defensa antiaérea.
Además, España mantiene su compromiso con las fuerzas permanentes de la OTAN mediante la fragata Almirante Juan de Borbón y el buque de aprovisionamiento Patiño, integrados en la agrupación naval SNMG-1. Este despliegue naval asegura que la Alianza mantenga el control de las líneas de comunicación marítimas, fundamentales para el flujo de suministros durante el conflicto.
Un detalle que no ha pasado desapercibido para los analistas internacionales es la ausencia de fuerzas estadounidenses en este ejercicio. Este hecho se interpreta como un movimiento deliberado de los aliados europeos para demostrar que pueden gestionar la defensa del continente de forma autónoma. Al liderar el Steadfast Dart 26, países como España no solo validan su capacidad para activar una fuerza de combate completa en menos de diez días, sino que también envían un mensaje de disuasión claro al flanco este de Europa. La participación española subraya que Madrid está dispuesta y capacitada para defender la integridad territorial aliada a miles de kilómetros de sus fronteras, consolidando una España que no solo participa en la OTAN, sino que ayuda a definir su futuro.






