Rusia recurre a presos y migrantes engañados para sostener una guerra que ya no quiere su población

- Rusia intensifica el reclutamiento de extranjeros y presos mediante bonos de 50.000 dólares y promesas de ciudadanía.
- Tras cuatro años de guerra en Ucrania, el Kremlin recurre a estrategias extremas para evitar una movilización general impopular.

El Kremlin ha transformado el alistamiento en un negocio de alto riesgo donde el pasaporte ruso y bonos de hasta 50.000 dólares son el cebo para miles de reclutas. Esta estrategia busca evitar a toda costa una movilización general impopular, recurriendo en su lugar a una red de captación global que ya afecta a ciudadanos de más de 40 países.

La guerra de desgaste en Ucrania ha obligado a Vladímir Putin a desplegar una creatividad financiera sin precedentes para sostener sus líneas de frente. Lo que en San Petersburgo se vende como un acto de patriotismo remunerado, en las zonas rurales de India o Nepal se traduce en redes de tráfico humano que prometen empleos civiles para acabar entregando fusiles. Con más de 700.000 efectivos desplegados según cifras oficiales, la presión por reponer las bajas —que Londres estima en más de un millón de hombres entre muertos y heridos— ha convertido a Rusia en una oficina de reclutamiento a escala planetaria.

Este sistema de «voluntariado» forzoso y remunerado es el motor que permite a Moscú mantener el pulso bélico sin incendiar las calles de sus principales ciudades. Sin embargo, tras los desorbitados salarios que superan con creces la renta media rusa, se esconde una realidad de contratos indefinidos camuflados y una vulnerabilidad extrema para los extranjeros que no hablan el idioma. La patria ya no solo se defiende con rusos, sino con una legión de desheredados atraídos por un dinero que, en muchos casos, nunca llegarán a gastar.

Publicidad

La burbuja de los bonos: 50.000 dólares por un contrato con el frente

Para un trabajador de la Rusia profunda, la oferta del Ministerio de Defensa es, literalmente, la oportunidad de su vida. En regiones como Janty-Mansisk, las autoridades han elevado las primas de alistamiento hasta niveles estratosféricos, ofreciendo pagos únicos que triplican el salario anual medio de la zona. Esta inyección de liquidez inmediata funciona como un potente imán para familias asfixiadas por las deudas, aunque el precio a pagar sea la posibilidad casi segura de no regresar del campo de batalla.

Esta estrategia de «chequera abierta» ha permitido al Kremlin mantener un flujo constante de unos 400.000 nuevos contratos anuales sin necesidad de recurrir a levas forzosas masivas. No obstante, los analistas advierten que este modelo es insostenible para una economía en desaceleración que empieza a notar el peso de una guerra que ya dura cuatro años. El Estado ruso está comprando tiempo y soldados a un precio que podría terminar por quebrar las finanzas regionales si el conflicto se prolonga más allá de 2026.

Mercenarios por engaño: la red de captación en el sudeste asiático

El escándalo internacional ha saltado cuando gobiernos como los de India o Nepal han denunciado que sus ciudadanos son engañados con falsas promesas de empleo. Lo que empieza como una oferta para trabajar en la construcción o el comercio en Rusia, termina con un entrenamiento militar exprés y el envío forzoso a las trincheras de Kursk o el Donbás. Estas redes de tráfico operan con impunidad, aprovechando la desesperación de jóvenes que buscan una vida mejor y acaban siendo utilizados como carne de cañón.

Nepal ya ha prohibido a sus nacionales viajar a Rusia tras confirmar la muerte de cientos de sus ciudadanos en un conflicto que les es totalmente ajeno. La vulnerabilidad de estos reclutas es máxima: sin conocimientos de ruso ni experiencia previa, son desplegados en unidades donde los mandos los consideran prescindibles debido a las barreras idiomáticas. Se trata de una legión extranjera involuntaria que sirve para satisfacer la demanda insaciable de efectivos que exige la táctica rusa de oleadas humanas.

Cárceles y centros de detención: la cantera de los «desechables»

La táctica que inició el difunto Prigozhin con el Grupo Wagner ha sido institucionalizada por el propio Ministerio de Defensa ruso. Ahora, las leyes permiten que tanto convictos como sospechosos de delitos puedan limpiar su expediente judicial a cambio de meses de servicio en primera línea. Esta política ha vaciado prisiones enteras, enviando a miles de hombres con escasa formación a las zonas más peligrosas del frente bajo la promesa de un indulto que pocos sobreviven para ver.

Esta práctica no solo ahorra costes al sistema penitenciario, sino que reduce el impacto político de las bajas en la sociedad civil rusa. Al morir un preso o un sospechoso en Ucrania, el coste social es mínimo comparado con la muerte de un joven universitario de Moscú. Es una gestión cínica de los recursos humanos donde se prioriza la supervivencia del régimen sobre la ética militar, convirtiendo el servicio a la patria en una condonación de penas por sangre.

Publicidad

Ciudadanía express: el cebo definitivo para el inmigrante

Para los miles de inmigrantes que llegan a Rusia desde las antiguas repúblicas soviéticas, el camino hacia el pasaporte ruso ha dejado de ser burocrático para ser bélico. Putin ha promulgado decretos que obligan a los solicitantes de residencia a realizar el servicio militar o, en su defecto, facilitan la nacionalidad a quienes firmen un contrato de combate. En las periferias de las grandes ciudades, las redadas en zonas de trabajo migrante son constantes, presionando a los recién llegados para que se unan a las filas.

Esta política busca «rusificar» el frente a la vez que soluciona el déficit demográfico que la propia guerra está agravando. El mensaje es claro: si quieres los derechos de un ciudadano ruso, debes estar dispuesto a morir por los intereses del Kremlin. Muchos aceptan por miedo a la deportación o por la promesa de seguridad para sus familias, sin entender que los contratos que firman se prorrogan automáticamente de forma indefinida hasta el fin de las hostilidades.

El coste humano invisible tras la propaganda del Kremlin

Mientras el Gobierno ruso presume de tener a 700.000 hombres en combate, las cifras de víctimas se mantienen bajo siete llaves como el secreto de Estado más celoso. Investigaciones independientes han logrado identificar a más de 160.000 fallecidos, pero se estima que la cifra real es incalculablemente mayor, especialmente si se cuentan los combatientes extranjeros. Rusia ha creado un sistema donde la muerte en el frente se compensa con dinero para las familias, silenciando el duelo con transferencias bancarias.

A medida que el conflicto avanza hacia su cuarto año, la «creatividad» de Moscú para encontrar soldados parece no tener límites, pero sí un precio creciente. La dependencia de extranjeros engañados y presos indica que el entusiasmo por la guerra disminuye entre la población rusa con capacidad de elección. Rusia está ganando batallas de desgaste a cambio de hipotecar su futuro social y económico, alimentando una maquinaria que necesita miles de vidas nuevas cada mes para no detenerse.

Publicidad
Publicidad