El ayuno prolongado se ha convertido en la respuesta rápida de muchas personas cuando el cuerpo pasa factura tras semanas de excesos, comidas copiosas y rutinas desordenadas. Parece lógico pensar que dejar de comer durante horas o días puede servir para “limpiar” el organismo y empezar de cero, pero esa idea, tan extendida, no siempre juega a favor de la salud ni del metabolismo.
El problema es que el ayuno prolongado, cuando se practica sin planificación o se lleva al extremo, puede activar mecanismos internos que van justo en la dirección contraria a la deseada. Lejos de depurar, el cuerpo interpreta la restricción como una señal de escasez, y ahí empiezan el cansancio, el hambre constante y el temido efecto rebote que tantos intentan evitar.
1Lo que pasa cuando el organismo se siente amenazado
Después de periodos de excesos, el hígado, el intestino y los sistemas de eliminación trabajan a mayor ritmo, pues son ellos los que gestionan alcohol, azúcar y comidas más pesadas de lo habitual. Por eso es frecuente sentirse hinchado, con digestiones lentas y una sensación de pesadez que no desaparece fácilmente. En ese contexto, la tentación de recurrir al ayuno prolongado aparece como una salida rápida.
Sin embargo, como explica la nutricionista y farmacéutica Diana Vitoria-Martín, colaboradora de Naturadika, un detox eficaz no consiste en comer menos, sino en ayudar al cuerpo a digerir y eliminar mejor. Cuando la restricción es brusca o se alarga, el organismo no entiende que se le está “ayudando”. Entra en modo defensa y activa el llamado estrés metabólico, una respuesta fisiológica que frena justo lo que se quiere conseguir.






