El ayuno prolongado se ha convertido en la respuesta rápida de muchas personas cuando el cuerpo pasa factura tras semanas de excesos, comidas copiosas y rutinas desordenadas. Parece lógico pensar que dejar de comer durante horas o días puede servir para “limpiar” el organismo y empezar de cero, pero esa idea, tan extendida, no siempre juega a favor de la salud ni del metabolismo.
El problema es que el ayuno prolongado, cuando se practica sin planificación o se lleva al extremo, puede activar mecanismos internos que van justo en la dirección contraria a la deseada. Lejos de depurar, el cuerpo interpreta la restricción como una señal de escasez, y ahí empiezan el cansancio, el hambre constante y el temido efecto rebote que tantos intentan evitar.
3Regularizar en lugar de compensar o hacer ayuno prolongado
Tras semanas de comidas copiosas y alcohol, el cuerpo suele estar inflamado y con retención de líquidos. Intentar adelgazar sin reducir antes esa inflamación suele ser frustrante. Según la experta, funciona mucho mejor regularizar hábitos que forzar al organismo con restricciones agresivas. Priorizar verduras cocinadas, reducir ultraprocesados y alcohol y mantener una hidratación constante marca la diferencia.
También es clave no saltarse comidas sin orden ni demonizar los hidratos complejos. Ajustar cantidades en lugar de eliminarlos y apostar por alimentos como el arroz, la patata o las legumbres en raciones moderadas ayuda a que el cuerpo no perciba escasez. Acompañado de descanso, movimiento suave y rutinas estables, este enfoque permite recuperar ligereza y energía sin caer en el círculo del ayuno prolongado y el rebote.






