Vivir más no es solo cuestión de hábitos: la genética explica más de la mitad de la esperanza de vida

Aunque muchas veces lo creamos, no todo está en lo que comemos o en cuantos pasos damos al día, en ocasiones, hay cosas mucho más influyentes que esas. La ciencia empieza a confirmar que vivir durante muchos años, depende tanto del estilo de vida como de la genética.

Mucho se habla de la genética y del por qué algunas personas viven mucho más que otras, incluso cuando sus hábitos no encajan con lo que recomiendan los manuales de vida saludable. Durante años se ha repetido que comer bien, moverse más y evitar excesos era la clave para sumar años, pero la ciencia empieza a matizar ese mensaje con el dato incómodo de que vivir mucho, muchísimo, no depende solo de lo que haces, sino también de lo que heredaste.

La genética explica más de la mitad de la esperanza de vida cuando hablamos de edades extremas, y eso ayuda a entender por qué existen centenarios que fumaron, bebieron o llevaron una vida sorprendentemente poco ejemplar sin que eso pareciera pasarles factura. No es que los hábitos no importen, es que no pesan igual para todos, y ahí es donde entra en juego esa lotería silenciosa que se recibe al nacer.

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Hasta dónde llega lo que podemos controlar

“El estilo de vida si tiene mucho que ver”. Fuente: Freepik

La genética marca el límite superior, pero antes de llegar ahí el estilo de vida tiene mucho que decir. Los estudios son claros cuando se analiza a la población general, y es que llevar una vida saludable aumenta de forma notable las probabilidades de llegar a los 80 o incluso a los 90 años. Cosas como una dieta equilibrada, actividad física, buen descanso, relaciones sociales sólidas y evitar sustancias nocivas siguen siendo factores determinantes para la mayoría.

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Un gran estudio con cientos de miles de personas mostró que adoptar varios hábitos saludables podía sumar hasta dos décadas de vida. Sin embargo, incluso cumpliendo todas las recomendaciones, el resultado no suele ser convertirse en centenario. La genética vuelve a aparecer como ese techo invisible que, por muy bien que lo hagas, no siempre se puede atravesar.

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