Vivir más no es solo cuestión de hábitos: la genética explica más de la mitad de la esperanza de vida

Aunque muchas veces lo creamos, no todo está en lo que comemos o en cuantos pasos damos al día, en ocasiones, hay cosas mucho más influyentes que esas. La ciencia empieza a confirmar que vivir durante muchos años, depende tanto del estilo de vida como de la genética.

Mucho se habla de la genética y del por qué algunas personas viven mucho más que otras, incluso cuando sus hábitos no encajan con lo que recomiendan los manuales de vida saludable. Durante años se ha repetido que comer bien, moverse más y evitar excesos era la clave para sumar años, pero la ciencia empieza a matizar ese mensaje con el dato incómodo de que vivir mucho, muchísimo, no depende solo de lo que haces, sino también de lo que heredaste.

La genética explica más de la mitad de la esperanza de vida cuando hablamos de edades extremas, y eso ayuda a entender por qué existen centenarios que fumaron, bebieron o llevaron una vida sorprendentemente poco ejemplar sin que eso pareciera pasarles factura. No es que los hábitos no importen, es que no pesan igual para todos, y ahí es donde entra en juego esa lotería silenciosa que se recibe al nacer.

3
Los genes que protegen del envejecimiento

“Algunos genes influyen en las enfermedades de la vejez”. Fuente: Freepik

La genética de la longevidad no depende de un solo gen milagroso, sino de una combinación poco frecuente, muy raro y que afecta solo a un pequeño porcentaje de la población. Algunos genes influyen en el riesgo de enfermedades concretas, como el APOE, relacionado con el Alzheimer, mientras que otros, como el FOXO3, parecen actuar sobre el propio proceso de envejecimiento celular.

En familias con muchos miembros longevos se repiten estas variantes protectoras, que funcionan casi como un escudo frente a los daños del paso del tiempo. Incluso cuando adoptan hábitos poco saludables, estas personas desarrollan menos enfermedades que quienes no cuentan con ese respaldo genético, lo que refuerza la idea de que la genética puede compensar conductas que, en otros casos, serían claramente perjudiciales, pero eso, es definitivamente, una lotería.

Siguiente
Publicidad
Publicidad