El secreto mejor guardado de Barcelona donde reservan los grandes chefs

En una Barcelona cada vez más ruidosa y pensada para el turista, aún quedan lugares que cocinan de verdad y en voz baja, y hoy queremos enseñarte uno de ellos, que es discreto, no hay prisas y hasta los mejores chefs disfrutan de él.

Barcelona es una ciudad que presume de gastronomía, pero también una en la que cada vez cuesta más separar lo auténtico de lo pensado únicamente para el turista de paso. Basta con caminar por ciertas zonas para encontrarse una sucesión casi hipnótica de shawarmas, pizzas y hamburguesas que poco tienen que ver con la tradición culinaria que hizo famosa a la ciudad. En medio de ese ruido, encontrar un lugar que apueste por el producto, la técnica y la personalidad propia se ha convertido casi en un acto de resistencia.

Barcelona guarda aún secretos bien protegidos, rincones donde se cocina con calma y sin alardes, y uno de ellos se esconde en la Rambla del Raval. Allí, desde hace más de una década, un pequeño restaurante se ha ganado el respeto de los grandes chefs y de quienes buscan comer bien sin artificios. Se llama Suculent y, aunque su nombre ya da pistas, lo mejor es sentarse y dejar que la experiencia hable sola.

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Salsas, pan y el placer de mojar sin culpa

“Entrada de Suculent”. Fuente: TripAdvisor

Barcelona es también una ciudad donde se ha perdido, en parte, el placer de comer sin prisas, y Suculent reivindica algo tan sencillo como mojar pan. Su nombre juega con esa idea de sucar lent, de disfrutar lentamente de las salsas, que aquí no mandan pero sí acompañan, redondean y elevan cada plato.

Romero deja claro desde el primer momento que aquí el comensal tiene libertad. Mancharse los dedos no solo está permitido, está casi recomendado. Las salsas actúan como un hilo conductor que une mar y montaña, técnica y emoción, en platos que invitan a disfrutar sin complejos y sin poses innecesarias.

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