El virus que afecta al 60 % de la población y podría estar dañando los huesos con la edad

Hay cosas que damos por inevitables con la edad, como que los huesos se vuelvan frágiles y las caídas tengan consecuencias más graves, pero ahora, hay algo que empieza a sorprender a los médicos y es que detrás de muchas fracturas podría haber un virus muy común que llevamos dentro desde hace años y estaría debilitando la cadera sin dar muchas señales.

Solemos hablar de los huesos o darles la importancia que se merecen solo cuando algo se rompe, cuando una caída acaba en hospital o cuando la edad empieza a notarse de verdad en el cuerpo. Durante años hemos dado por hecho que su deterioro es una consecuencia lógica del paso del tiempo, una mezcla de desgaste, genética y mala suerte que no se puede evitar del todo.

Sin embargo, estos podrían estar sufriendo en silencio la influencia de un virus presente en más de la mitad de la población que permanece dormido durante décadas y que, con la edad, podría reactivarse justo donde más daño hace, en la cadera, abriendo una nueva vía para entender por qué tantas personas mayores acaban sufriendo fracturas graves.

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El virus que puede debilitar con la edad

“Un virus que puede afectar con los años”. Fuente: Freepik

Los investigadores encontraron ADN y proteínas del virus en las zonas necróticas del hueso femoral, sobre todo en los vasos sanguíneos más dañados. Cuanto más extensa era la lesión, mayor era también la presencia del virus, lo que sugiere que su reactivación podría estar directamente relacionada con el deterioro de los huesos de la cadera.

El problema es especialmente grave en la cabeza del fémur, pues al tratarse de una zona encerrada en una estructura rígida, cualquier inflamación aumenta la presión interna, provoca microrroturas y acelera el desgaste de los vasos sanguíneos. Con el tiempo, ese daño reduce el flujo de sangre, favorece la necrosis y aumenta el riesgo de fractura. Un proceso silencioso que ha pasado desapercibido durante años porque el virus actúa de forma muy localizada y no siempre se detecta en los análisis habituales.

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