París es de esas ciudades que no se visitan, sino que se viven, pues basta con poner un pie en sus calles para entender que aquí todo tiene historia, desde los grandes monumentos hasta los rincones más discretos que aparecen sin avisar entre un café y un cruce de avenidas. París seduce sin prisas, invita a caminar despacio y a mirar hacia arriba, a detenerse en una fachada, en un puente, en un jardín que parece sacado de otra época.
París además atraviesa un momento especial, con la ciudad más viva que nunca y preparada para mostrarse al mundo. Sus museos, plazas, barrios y paseos forman un conjunto difícil de igualar en Europa. Da igual cuántas veces se haya visitado, siempre hay algo nuevo que descubrir, porque París no se agota y nunca se repite del todo.
2Museos y templos donde el arte lo invade todo
París es también sinónimo de museos, y pocos lugares en el mundo concentran tanto patrimonio artístico en tan poco espacio. El Louvre, con su pirámide de cristal, es mucho más que la Gioconda. Es un viaje completo por la historia del arte occidental, desde las civilizaciones antiguas hasta el siglo XIX, en un antiguo palacio que ya de por sí merece horas de recorrido.
A pocos pasos del Sena, el Museo de Orsay ofrece otra mirada, centrada en el impresionismo y en una época de grandes cambios. Monet, Renoir o Degas cuelgan en lo que fue una estación de tren, mientras la luz entra por su enorme reloj. Más rompedor es el Centro Pompidou, con su estructura de colores y su apuesta por el arte moderno y contemporáneo, una cara distinta de París que convive sin complejos con lo clásico. Y para quienes buscan algo más íntimo, la Sainte-Chapelle deslumbra con sus vidrieras, un espectáculo de luz que deja sin palabras incluso al visitante más experimentado.






