La resaca emocional y política del trágico accidente ferroviario de Adamuz ha derivado en una ofensiva total del Partido Popular, como era de esperar, contra la cúpula del Ejecutivo central. En una jornada marcada por el luto y la indignación, las principales voces de la formación conservadora han coincidido en señalar una «fractura insalvable» entre el Gobierno y la sociedad española. La ausencia de Pedro Sánchez en el funeral oficial celebrado en la catedral de Huelva ha sido el detonante de una serie de críticas que sitúan al presidente en un estado de «aislamiento voluntario» y «cobardía institucional«.
Desde los micrófonos de «La Mirada Crítica«, Cuca Gamarra, vicesecretaria de Regeneración Institucional, ha verbalizado el malestar de su formación con una dureza inusual. Para la dirigente popular, la decisión de Sánchez de no acudir a despedir a las víctimas no es un simple error de agenda, sino una evidencia de que el jefe del Ejecutivo carece del coraje necesario para enfrentar el dolor de un país que exige respuestas. Gamarra ha subrayado que un presidente que «ni va, ni quiere ir, ni es bienvenido» en los momentos de duelo nacional, ha perdido la autoridad moral para seguir al frente del país.

UNA CRISIS DE GESTIÓN Y VALORES EN TRANSPORTES
El foco de la crítica no solo se ha detenido en la figura de Sánchez, sino que se ha extendido con virulencia hacia el Ministerio de Transportes. Óscar Puente, titular de la cartera, ha sido calificado por Gamarra como un responsable «insensible y soberbio» que ha intentado eludir las causas reales de la tragedia: la supuesta falta de mantenimiento y la degradación del sistema ferroviario tras ocho años de gestión socialista. La dirigente popular ha ido más allá al vincular la situación actual de las infraestructuras con los casos de corrupción que, según denuncia, tienen su epicentro en dicho ministerio.
La estrategia del PP pasa por dibujar un escenario donde el abandono de la red ferroviaria es el resultado directo de una administración que, en palabras de Gamarra, se ha aprovechado del poder para el enriquecimiento ilícito en lugar de velar por la seguridad de los ciudadanos. Bajo esta premisa, la continuidad de Puente en el cargo se considera insostenible, ya que su incapacidad para ofrecer tranquilidad sobre la investigación técnica del accidente de Adamuz compromete la credibilidad de todo el sistema de transportes nacional.

LA MONCLOA FRENTE AL SENADO
Paralelamente, desde Teruel, el secretario general del PP, Miguel Tellado, ha reforzado este mensaje de «abandono de funciones». Tellado ha lamentado que el presidente prefiriera «esconderse en La Moncloa» antes que dar la cara en el Senado o acompañar a los familiares en Huelva. Para el secretario general, este repliegue de Sánchez es el síntoma de una legislatura agotada que no puede rendir cuentas ni en la sede de la soberanía nacional ni ante el dolor de las familias.
Tellado ha enmarcado esta crisis en un contexto de parálisis generalizada del país, donde el Ejecutivo utiliza, a su juicio, cortinas de humo como la regulación masiva de inmigrantes para desviar la atención de sus propias negligencias. En esta línea, el PP sostiene que el «muro» que Sánchez ha levantado entre españoles es el origen de una polarización que él mismo alimenta para sobrevivir políticamente, a costa de la unidad y el respeto institucional que requeriría una tragedia de la magnitud de la vivida en Adamuz.

BATALLA POR EL LIDERAZGO TERRITORIAL
El conflicto nacional ha tenido también su traducción en clave regional, especialmente con la vista puesta en las próximas elecciones en Aragón. El Partido Popular ha aprovechado la crisis para confrontar dos modelos de gestión: el de la «estabilidad y gobernanza» de Jorge Azcón frente a lo que Tellado denomina la «sumisión a Sánchez» de Pilar Alegría. La ministra y candidata ha sido acusada de anteponer los intereses partidistas del PSOE a las necesidades de financiación y desarrollo de Aragón, lo que, en opinión de los populares, la inhabilita para liderar la comunidad.
En este tablero de ajedrez político, el PP busca capitalizar el descontento social apelando a la necesidad de gobiernos fuertes que no dependan de alianzas que «debilitan al Estado». Mientras Gamarra marcaba distancias con Vox por su ausencia en el funeral, recalcando que el PP «está donde hay que estar», Tellado instaba a los aragoneses a enviar un mensaje claro a Madrid a través de las urnas. La tragedia de Adamuz se ha convertido así en el espejo donde el Partido Popular refleja lo que considera un fin de ciclo marcado por la mentira y la falta de empatía.






