La Alta Representante para la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, ha lanzado una advertencia que ha dejado helados a los sectores más federalistas de Bruselas. Para la política estonia, crear un Ejército europeo independiente de la OTAN no solo es una duplicidad logística, sino una amenaza real para la cohesión defensiva del continente.
Esta contundente declaración llega en un clima de máxima tensión, donde la seguridad de las fronteras orientales depende de una jerarquía de mando clara y sin fisuras. Kallas sabe que cualquier experimento militar que debilite la alianza con Washington podría ser interpretado por Moscú como una ventana de oportunidad imperdonable.
El riesgo de crear una estructura paralela a la OTAN
Para Kallas, la idea de una fuerza armada bajo bandera única europea suena bien en los despachos, pero es un desastre en el barro. Ella sostiene que la duplicidad de mandos militares generaría una confusión fatal en caso de una invasión relámpago en el Báltico o Polonia. No podemos permitirnos el lujo de discutir quién da las órdenes mientras los tanques avanzan por la estepa.
La realidad es que la infraestructura de defensa europea ya está integrada en los planes de la Alianza Atlántica desde hace décadas. Por eso, intentar levantar una alternativa desde cero ahora mismo sería vaciar de recursos lo que ya funciona para alimentar una entelequia burocrática. La seguridad no entiende de experimentos políticos cuando la amenaza es existencial y vecina.
Una advertencia directa contra el aislamiento de Estados Unidos
El temor subyacente de la jefa de la diplomacia es que un ejército propio sea la excusa perfecta para la retirada americana. Kallas argumenta que la presencia de tropas estadounidenses es el único disuasivo real que Putin todavía respeta en el tablero internacional. Si Europa empieza a jugar a los soldaditos por su cuenta, Washington podría decidir que su factura en el viejo continente ha terminado.
Este equilibrio de fuerzas es sumamente delicado y no admite fisuras retóricas en las cumbres de Bruselas. Aunque Francia ha liderado históricamente esta petición de autonomía, la experiencia directa de los países del Este con la ocupación soviética les dicta que mejor malo conocido que experimento por conocer. La protección de los cielos europeos sigue teniendo hoy apellido estadounidense.
El gasto militar como verdadera prioridad sobre los símbolos
Más allá de los uniformes y las banderas, el problema real es que Europa sigue sin gastar lo que prometió. Kallas insiste en que la inversión en la industria de defensa es mucho más urgente que diseñar un nuevo organigrama militar comunitario. De nada sirve tener un general europeo si no hay munición suficiente en los almacenes para aguantar una semana de combate intenso.
La fragmentación de los sistemas de armas en Europa es el verdadero cuello de botella que nos hace débiles. En lugar de un ejército único, la diplomática propone que la estandarización del armamento europeo sea el objetivo primordial de los próximos cinco años. Si todos los tanques europeos usaran el mismo repuesto, la eficiencia en combate aumentaría sin necesidad de cambiar la estructura de mando.
La soberanía nacional frente a la defensa común
El debate sobre un ejército europeo también choca frontalmente con la Constitución de muchos estados miembros. Es difícil imaginar a un presidente español o a un canciller alemán cediendo el control sobre sus propios soldados a una autoridad central en Bruselas sin un cambio de régimen total. Kallas es pragmática y sabe que las naciones no están listas para entregar su última cuota de poder soberano.
Esa reticencia no es falta de solidaridad, sino una cuestión de responsabilidad democrática ante sus ciudadanos. La política estonia prefiere que cada país refuerce su capacidad operativa individual para que el conjunto sea inexpugnable ante agresiones externas. La suma de fuerzas soberanas bien coordinadas es, a ojos de los expertos, mucho más flexible que un gigante burocrático lento y previsible.
Un futuro basado en la cooperación y no en la exclusión
La conclusión de Kallas es clara: Europa debe ser un pilar más fuerte dentro de la OTAN, no un competidor. El objetivo debe ser una autonomía estratégica complementaria que permita a los europeos actuar donde la Alianza no quiera o no pueda intervenir. Es un cambio de enfoque que prioriza la eficacia sobre el orgullo de tener un ejército con himno comunitario.
Mientras la guerra de Ucrania siga consumiendo recursos y vidas, los juegos de política ficción defensiva deben quedar en un segundo plano. La prioridad absoluta según Kallas es que la defensa de Europa sea creíble y capaz de responder en minutos, algo que hoy solo garantiza la estructura atlántica. El peligro extremo no es el enemigo externo, sino nuestra propia capacidad de dividirnos internamente.






