La memoria se vuelve cada vez más importante y delicada en un mundo donde vivimos llenos de pantallas, recordatorios automáticos y buscadores que parecen pensar por nosotros. Durante años la hemos tratado como algo frágil, casi inevitablemente condenado al desgaste, pero cada vez hay más pruebas de que la memoria no solo se pierde, también se entrena, se cuida y se fortalece, incluso cuando el paso del tiempo o la enfermedad empiezan a hacer mella.
Esta, además, conecta ciencia y experiencia cotidiana de una forma muy directa, y no hablamos solo de grandes estudios o campeonatos de expertos, sino de personas mayores que luchan por conservar sus recuerdos, de pacientes que intentan recuperar funciones cognitivas y de cualquiera que quiera llegar a la vejez con la cabeza clara. En ese cruce entre pasado y presente reaparece una técnica milenaria que hoy vuelve a cobrar fuerza: el método de loci, también conocido como el palacio de la memoria.
3Lo que sucede cuando la memoria se convierte en una herramienta terapéutica
Quizás donde más conmueve el potencial de esta técnica es en el trabajo con personas que sufren deterioro cognitivo. Programas como el Instituto de la Memoria en Orlando combinan ejercicio físico, socialización y entrenamiento mental para ralentizar la pérdida de funciones. Algunos participantes, tras años de práctica, mantienen su memoria estable y recuperan incluso entusiasmo y creatividad, algo que transforma también la vida de sus familias.
Pero la memoria entrenada no es solo cosa de la vejez, y por eso neuropsicólogos están adaptando estas técnicas para ayudar a personas con lesiones cerebrales traumáticas, enfermedades neurológicas o incluso trastornos como la depresión y el estrés postraumático. La idea de crear “refugios mentales” llenos de recuerdos positivos tiene sentido, pues si entrenamos el cerebro para recordar datos, también podemos entrenarlo para acceder a estados de calma y bienestar cuando más lo necesitamos.






