El pueblo donde nació Carlos Alcaraz y al que siempre vuelve cuando busca su refugio

Cuando el ruido de los grandes estadios se apaga, Carlos Alcaraz siempre vuelve al mismo lugar, lejos de focos y celebraciones, donde encuentra un refugio, y se trata del pueblo donde nació, el rincón de Murcia que lo vio crecer y al que regresa para recordar de dónde viene.

Carlos Alcaraz no solo gana torneos, también construye un relato que va mucho más allá del tenis. Cada vez que habla después de levantar un trofeo, cada vez que explica de dónde viene y por qué sigue siendo el mismo chico de siempre, aparece un lugar que se repite como un mantra. Carlos Alcaraz empieza siempre por su pueblo, por su gente, por ese rincón de Murcia al que vuelve cuando necesita bajar pulsaciones y recordar quién es.

Alcaraz ha logrado convertirse en leyenda sin romper el hilo que lo ata a sus orígenes. Tras convertirse en el tenista más joven en ganar los cuatro Grand Slam, su discurso no ha cambiado, y el éxito no lo ha desplazado del mapa emocional que lo acompaña desde niño, sino que más bien lo ha reforzado. Su refugio sigue estando lejos de los grandes estadios, en una pedanía murciana donde el tenis era una pista improvisada y la ambición convivía con la normalidad.

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El Palmar, el origen que nunca abandona Carlos Alcaraz

“El Palmar”. Fuente: Wikipedia

Carlos Alcaraz nació en El Palmar, una pedanía situada a apenas cinco kilómetros del centro de Murcia, rodeada de huerta y con la sierra como telón de fondo. Allí pasó su infancia, golpeando pelotas contra un frontón y aprendiendo a jugar en condiciones muy distintas a las del circuito profesional. Ese entorno marcó su forma de entender el deporte, sin prisas y sin artificios, con trabajo constante y pies en la tierra.

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En El Palmar no hay grandes alardes ni paisajes impostados, pero sí una identidad muy clara, y es por eso que Carlos Alcaraz habla de su pueblo como quien habla de casa, con naturalidad y orgullo. Es el lugar donde se formó como persona antes que como tenista, donde los vecinos siguen viéndolo como uno más y donde el ruido del éxito se apaga casi por completo cuando vuelve a caminar por sus calles.

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