El silencio se ha convertido en uno de los grandes lujos contemporáneos, un bien escaso que ya no se asocia solo al descanso sino a una forma distinta de estar en el mundo. En medio del tráfico constante, las notificaciones que no paran y una vida cotidiana marcada por estímulos continuos, este aparece como refugio, como pausa necesaria y casi como una declaración de intenciones frente al ruido permanente que nos rodea.
No se trata solo de la ausencia de sonido, se trata también de una respuesta al agotamiento mental de una sociedad hiperconectada. Psicólogos y expertos advierten de que no estamos preparados para tanta sobreestimulación y que la exposición continua a niveles elevados de ruido afecta al sueño, al estrés y a la salud cardiovascular. Por eso cada vez más personas buscan momentos de tranquilidad consciente, no para aislarse del mundo, sino para recuperar cierto equilibrio entre el caos y la calma.
2Buscar silencio sin caer en el aislamiento
Para algunos, la búsqueda de tranquilidad va más allá y adopta formas más intensas, como retiros de meditación silenciosa o experiencias de privación sensorial en completa oscuridad. Estas prácticas prometen introspección y autoconocimiento, aunque los expertos advierten de que no son necesarias ni adecuadas para todo el mundo y que el silencio no tiene por qué ser extremo para resultar beneficioso.
De hecho, pequeñas dosis de silencio cotidiano pueden ser igual de eficaces. Sentarse unos minutos en un parque sin el móvil, entrar en una biblioteca, practicar yoga silencioso o meditar brevemente son formas accesibles de incorporarlo a la rutina. Eso sí, los especialistas recuerdan que el silencio no debe confundirse con aislamiento, especialmente en una época marcada por la soledad, y que su lado más saludable aparece cuando se combina con vínculos y comunidad.






