La ciencia revela que bailar en grupo puede mejorar el ánimo más que otras terapias

Bailar siempre ha sido una forma de celebrar y soltar tensiones, pero ahora la ciencia empieza a confirmar algo aún mejor y es que también podría usarse como terapia para evitar la depresión.

Bailar ha sido durante siglos una forma de celebración, de encuentro y también de escape, aunque en los últimos años empieza a verse desde otra perspectiva mucho más profunda. Lo que para muchos es solo una pista llena de música y movimiento, para la ciencia empieza a parecerse cada vez más a una herramienta poderosa para cuidar la salud mental. El simple hecho de dejarse llevar por el ritmo, compartir espacio con otras personas y conectar con la música puede provocar reacciones en el cerebro que van mucho más allá de la diversión.

Bailar, además, está despertando un interés creciente entre investigadores que analizan cómo influye en el estado de ánimo y en el bienestar emocional. Distintos estudios sugieren que bailar en grupo puede reducir los síntomas de la depresión con una eficacia que ha llegado a sorprender incluso a especialistas en salud mental. Aunque todavía se necesitan más investigaciones, los datos empiezan a señalar que esta actividad podría convertirse en un complemento real para mejorar el equilibrio emocional, algo especialmente relevante en una época en la que los problemas de ansiedad y tristeza prolongada afectan a millones de personas.

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El poder de moverse junto a otras personas

“Moverse en compañía”. Fuente: Freepik

Bailar en grupo introduce un elemento que marca una gran diferencia frente a otras actividades físicas: la sincronía. Cuando varias personas se mueven al mismo ritmo, los investigadores han observado un fenómeno en el que la actividad cerebral empieza a alinearse entre los participantes, lo que genera una sensación de conexión que puede reforzar la confianza y el sentimiento de pertenencia.

Bailar puede ser especialmente útil para quienes atraviesan episodios depresivos, ya que esta condición no solo afecta al estado de ánimo, sino también a la manera en que una persona se relaciona con su propio cuerpo y con quienes la rodean. El movimiento rítmico ayuda a recuperar esa conexión física y emocional, permitiendo que el cuerpo vuelva a expresarse de forma natural, algo que en muchos casos resulta difícil de conseguir únicamente mediante la conversación terapéutica.

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