El Ministerio de Defensa recupera el esplendor del Pabellón de Oficiales de Cuatro Vientos, una joya del patrimonio militar que ocultaba tesoros artísticos inspirados en Goya. Esta reforma integral de 2,9 millones de euros moderniza la infraestructura sin perder el alma de la cuna de la aviación española.
La Base Aérea de Cuatro Vientos no es solo un aeródromo; es el kilómetro cero donde España aprendió a volar hace más de un siglo. Sin embargo, el paso de las décadas no perdona, y el emblemático Pabellón de Oficiales (Edificio 15 N) presentaba un deterioro que amenazaba con silenciar su historia. El Ministerio de Defensa ha decidido dar un golpe sobre la mesa lanzando una licitación de casi tres millones de euros para devolverle su gloria perdida.
Esta no es una simple mano de pintura para cumplir el expediente, sino una cirugía mayor en un edificio que es Patrimonio Histórico. Se trata de rescatar un espacio donde los pioneros del aire brindaban tras sus hazañas, asegurando que el legado de la aviación militar española permanezca intacto para las próximas generaciones. Pero lo que realmente hace especial a esta intervención es lo que se esconde tras sus muros de ladrillo macizo.
El rescate de los «secretos» de Goya y la madera noble
El proyecto de rehabilitación pone el foco en el Salón Noble, una estancia que parece detenida en 1920 y que requiere manos expertas para no arruinarla. Resulta fascinante descubrir que el edificio alberga elementos de marquetería inspirada en cartones de Goya, detalles que pocos civiles han tenido el privilegio de contemplar de cerca hasta hoy. Los restauradores tendrán que emplearse a fondo para tratar las maderas nobles que han sufrido el embate de la humedad y el tiempo.
No solo se trata de estética, pues el pliego de condiciones técnicas es extremadamente riguroso con la protección de los elementos ornamentales originales. Es vital que la recuperación de las chimeneas rústicas y las escayolas artesanales se realice con técnicas de la época, evitando parches modernos que desvirtúen el conjunto. Si todo sale según lo previsto, el pabellón recuperará ese aire señorial que lo convirtió en el epicentro social de la base.
Ladrillo visto y tecnología del siglo XXI
Por fuera, el edificio mantendrá su icónica estética de ladrillo visto, pero por dentro será una máquina de eficiencia energética de última generación. La reforma contempla el uso de aislamientos térmicos de alta densidad para que los oficiales no se congelen en invierno ni se asen en el verano madrileño. Se acabó lo de usar sistemas de climatización obsoletos que consumen más de lo que calientan, buscando ahora la sostenibilidad total.
La fachada recibirá un tratamiento especial para limpiar el polvo de décadas sin dañar la porosidad del ladrillo original. Lo curioso es que la nueva iluminación LED inteligente se integrará de forma que pase desapercibida, resaltando los volúmenes arquitectónicos sin que parezca un centro comercial moderno. El equilibrio entre lo viejo y lo nuevo es siempre una cuerda floja, pero aquí parece que han dado en el clavo.
Un plan estratégico que va más allá de un solo edificio
Esta obra no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un plan de modernización mucho más ambicioso para Cuatro Vientos. Mientras el pabellón recupera su brillo, a pocos metros se están actualizando los hangares para albergar los nuevos helicópteros NH90, una de las joyas de la corona de nuestra capacidad operativa actual. La base se está transformando en un centro logístico y operativo que mira al futuro sin olvidar sus raíces.
Muchos se preguntan por qué invertir tanto dinero en un edificio de oficiales, pero la respuesta es institucional y moral. Cuatro Vientos es el espejo donde se miran los nuevos pilotos, y tener un patrimonio militar en estado de abandono envía un mensaje de desidia que Defensa no se puede permitir en estos tiempos. El cuartel general quiere que la base vuelva a ser el referente que fue durante la Edad de Oro de la aviación.
El desafío de las rejas y la carpintería original
Uno de los puntos más críticos de la obra es la restauración de la cerrajería y las barandillas, que presentan una corrosión avanzada en varios puntos clave. Los artesanos del metal deberán trabajar sobre el hierro forjado original, ya que la normativa de protección del patrimonio prohíbe sustituirlos por elementos industriales modernos sin alma. Es un trabajo de chinos, pero es lo que diferencia una restauración de calidad de una reforma chapucera de barrio.
Lo mismo ocurre con la carpintería de madera de las ventanas, que será tratada con aceites y protectores específicos contra xilófagos. Es fundamental que el cierre hermético de los ventanales mejore drásticamente para evitar las pérdidas de energía que hasta ahora eran la norma en el edificio. El objetivo es que, una vez terminada la obra, el pabellón sea tan confortable como un hotel de cinco estrellas pero con el aura de un museo.
Plazos ajustados para una obra de precisión quirúrgica
El calendario que maneja el Ejército del Aire y del Espacio es bastante optimista, con la apertura de sobres económicos prevista para finales de febrero. No hay tiempo que perder, porque el inicio de los trabajos de consolidación debe producirse antes de que las lluvias de primavera puedan causar más daños estructurales en las cubiertas. Es una carrera contra el reloj donde la burocracia suele ser el mayor obstáculo, aunque el presupuesto ya está blindado.
Lo mejor de todo es que esta inversión asegura que el pabellón no termine como otros edificios históricos que acaban en ruina técnica por falta de mantenimiento. Al final del día, lo que se está comprando con estos tres millones es la supervivencia de un símbolo nacional que ha visto pasar la historia de España desde el aire. Veremos si los contratistas están a la altura del reto que supone meter mano a un icono de este calibre.






