Europa es mucho más que ciudades monumentales y playas de verano, también es un continente que en invierno baja el ritmo y se deja recorrer con calma, especialmente a pie. Cuando el frío suaviza el paisaje y las multitudes desaparecen, muchos caminos muestran una versión más auténtica, silenciosa y poderosa, perfecta para quienes buscan caminar sin prisas y con la sensación de estar descubriendo algo casi íntimo.
En Europa, el senderismo invernal no es solo una alternativa al verano, sino un plan en sí mismo, con rutas que ganan dramatismo con cielos grises, otras que se vuelven verdes y fértiles tras las lluvias, y algunas que simplemente se disfrutan más cuando el entorno recupera su calma natural. Caminar en esta época permite mirar el paisaje de otra manera, escuchar el viento, el mar o los pasos sobre la piedra, y conectar con lugares que en temporada alta resultan imposibles de saborear.
3Alturas de la Costa Amalfitana
La Costa Amalfitana es uno de los paisajes más famosos de Europa, pero también uno de los más saturados gran parte del año. En invierno, entre noviembre y comienzos de abril, todo cambia, pues los precios bajan, las multitudes desaparecen y las rutas de senderismo recuperan su esencia, aunque conviene ir preparado y mirar el cielo con atención, porque el contraste entre el mar Tirreno y los montes Lattari puede traer lluvias intensas o incluso nieve.
Caminar en esta época exige cierta flexibilidad, pero también ofrece recompensas únicas. El Sendero de los Dioses, con poco más de seis kilómetros, es la ruta estrella y en invierno se disfruta sin empujones ni prisas, descendiendo desde Bomerano hasta Positano con vistas que cortan la respiración. Y si el tiempo no acompaña, siempre queda la opción de improvisar una visita a Nápoles o Pompeya, porque en Europa, incluso cuando el plan cambia, el viaje sigue teniendo sentido.






