Ni una copa al día es segura: el riesgo del alcohol empieza antes de lo que crees

Durante años, brindar con una copa de vino o tomar algo al final del día se ha visto como algo común, pero cada vez más estudios advierten que el riesgo del alcohol empieza antes de lo que mucha gente cree.

El alcohol ha formado parte durante décadas de celebraciones, reuniones familiares y momentos de descanso, hasta el punto de que muchas personas lo ven como algo casi inocente cuando se consume con moderación. La imagen de una copa de vino en la cena o un brindis ocasional ha estado asociada durante años a un estilo de vida equilibrado, incluso a ciertos beneficios para la salud, una idea que la ciencia está empezando a revisar con lupa.

El alcohol, sin embargo, ya no se observa con el mismo optimismo desde la investigación médica. Cada vez hay más estudios que cuestionan esa creencia popular de que pequeñas cantidades pueden ser protectoras y, aunque beber no implica automáticamente un problema grave, los especialistas coinciden en que el riesgo empieza antes de lo que la mayoría imagina. Reducir el consumo, incluso ligeramente, se está perfilando como uno de los cambios más sencillos que una persona puede hacer para cuidar su salud a largo plazo.

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Cómo afecta el alcohol al organismo desde el primer sorbo

“Enfermedades cardiovasculares”. Fuente: Freepik

El alcohol comienza a generar efectos en el cuerpo en cuanto entra en el torrente sanguíneo, momento en el que el hígado se encarga de procesarlo. Durante ese proceso aparece el acetaldehído, una sustancia considerada carcinógena que es responsable de buena parte del daño que produce el consumo de alcohol. Lo importante, según explican los investigadores, es que esta sustancia no afecta solo a un órgano concreto, sino que puede impactar prácticamente en todo el organismo.

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El alcohol se ha vinculado con más de doscientas afecciones médicas, entre ellas enfermedades cardiovasculares, distintos tipos de cáncer, deterioro cognitivo o pérdida de masa muscular. Además, algunos especialistas sostienen que el alcohol puede acelerar el envejecimiento del cuerpo, ya que obliga a distintos sistemas a trabajar bajo una presión constante, lo que favorece la aparición temprana de problemas de salud que normalmente surgirían años más tarde.

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