El alcohol ha formado parte durante décadas de celebraciones, reuniones familiares y momentos de descanso, hasta el punto de que muchas personas lo ven como algo casi inocente cuando se consume con moderación. La imagen de una copa de vino en la cena o un brindis ocasional ha estado asociada durante años a un estilo de vida equilibrado, incluso a ciertos beneficios para la salud, una idea que la ciencia está empezando a revisar con lupa.
El alcohol, sin embargo, ya no se observa con el mismo optimismo desde la investigación médica. Cada vez hay más estudios que cuestionan esa creencia popular de que pequeñas cantidades pueden ser protectoras y, aunque beber no implica automáticamente un problema grave, los especialistas coinciden en que el riesgo empieza antes de lo que la mayoría imagina. Reducir el consumo, incluso ligeramente, se está perfilando como uno de los cambios más sencillos que una persona puede hacer para cuidar su salud a largo plazo.
2El mito del consumo moderado bajo revisión
Durante mucho tiempo se habló de la llamada curva en J, una teoría basada en estudios que parecían demostrar que quienes bebían de forma moderada vivían más que quienes no consumían alcohol o lo hacían en exceso. Sin embargo, investigaciones más recientes han empezado a desmontar esa conclusión al detectar que el alcohol suele estar ligado a otros factores que pueden influir en la salud, como el nivel económico, la alimentación o el acceso a atención médica.
El alcohol, en estos casos, podría haber parecido beneficioso simplemente porque muchas personas que beben de forma moderada también mantienen hábitos saludables en otros aspectos de su vida. Cuando los científicos han logrado separar esos factores, el patrón dice que a mayor consumo de alcohol, mayor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas. Además, los expertos recuerdan que el concepto de moderación puede ser engañoso, ya que los hábitos de consumo cambian con el tiempo y son difíciles de medir con precisión.






