El cerebro nunca está quieto, aunque desde fuera no siempre lo notemos; en realidad, este cambia, se adapta, se reorganiza y también se desgasta con el paso de los años, siguiendo un ritmo mucho más marcado de lo que durante décadas se pensó. No evoluciona en línea recta, ni mejora sin parar ni se apaga de golpe, lo que hace es atravesar etapas muy concretas que influyen en cómo aprendemos, pensamos y nos relacionamos con el mundo.
Un estudio reciente de la Universidad de Cambridge ha puesto cifras y edades a esos grandes giros del cerebro, identificando varios momentos decisivos que marcan su funcionamiento. Al analizar miles de escáneres cerebrales, los investigadores han logrado trazar un mapa bastante claro de cómo se fortalecen las conexiones, cómo se estabilizan y cuándo empiezan a deteriorarse, algo que ayuda a entender mejor la memoria, la personalidad y también la salud mental a lo largo de la vida.
2El largo camino hasta la madurez cerebral
Uno de los datos que más llama la atención del estudio es que el cerebro no alcanza su máxima eficiencia hasta alrededor de los 30 años. Lejos de lo que solemos pensar, la adolescencia, desde el punto de vista cerebral, se alarga mucho más de lo esperado, y no tiene que ver con comportamientos inmaduros, sino con la forma en la que el cerebro perfecciona sus conexiones internas.
En esta fase, que se extiende hasta los 32 años aproximadamente, el cerebro aprende a comunicarse usando las rutas más directas y eficaces. La materia blanca sigue aumentando y las distintas regiones cerebrales afinan su coordinación. A partir de ahí, comienza una etapa larga y estable, en la que el cerebro se mantiene en una especie de meseta durante décadas, con cambios suaves y poco llamativos, mientras la personalidad y la inteligencia tienden a consolidarse.






