El mapa de defensa del norte de África está sufriendo una metamorfosis radical. Mientras Bruselas aún gestiona los flecos de sus fondos de recuperación, el Reino de Marruecos ha sellado una alianza de hierro con Estados Unidos que cristaliza este febrero de 2026 con un paquete de armamento valorado en más de 8.500 millones de dólares. No es solo una compra de material; es una declaración de intenciones que sitúa a las Reales Fuerzas Armadas (FAR) en una liga tecnológica superior, reduciendo la histórica brecha militar con España.
La llegada de cazas F-16 Viper, helicópteros de ataque Apache y sistemas de artillería HIMARS no es un movimiento aislado. Washington ha decidido que Rabat sea su «portaaviones» terrestre en África, un socio vital para la estabilidad del Sahel y el control de las rutas migratorias. Sin embargo, este rearme masivo genera una sombra de inquietud en el flanco sur español, donde la superioridad aérea y tecnológica, tradicionalmente clara, comienza a verse cuestionada por primera vez en décadas.
El «Viper» marroquí: un cazador que mira de tú a tú al Eurofighter
La joya de la corona de este rearme es la adquisición de 25 unidades del F-16C/D Bloque 72, conocidos como Viper. Estas aeronaves no son simples actualizaciones; incorporan el radar de barrido electrónico activo (AESA) APG-83, una tecnología que permite detectar y seguir múltiples objetivos con una precisión que hasta ahora solo estaba al alcance de los F-35 o los Eurofighter más modernos. Marruecos ha entendido que el control del espacio aéreo es la clave de cualquier conflicto moderno.
Acompañando a estos cazas, Rabat ha recibido luz verde para la compra de misiles AMRAAM de última generación y bombas de precisión MK82. Esta combinación convierte a la aviación marroquí en una fuerza de ataque quirúrgico capaz de operar en entornos altamente disputados. La interoperabilidad con las fuerzas estadounidenses, reforzada por ejercicios anuales como el African Lion, asegura que el personal marroquí esté entre los mejor formados de todo el continente.
El cielo se llena de rotores: Apache y Chinook en el desierto
En el ámbito terrestre, la superioridad se busca desde el aire con la incorporación de 36 helicópteros de ataque AH-64E Apache Guardian. Se trata de uno de los sistemas de armas más letales del mundo, diseñado para aniquilar formaciones de blindados antes incluso de que estos detecten su presencia. Para Marruecos, estos aparatos son un seguro de vida en sus fronteras del sur, permitiendo una respuesta rápida y devastadora ante cualquier incursión.
Para mover tropas y material en la compleja orografía del Magreb y el Sáhara, el Reino también ha reforzado su capacidad logística con helicópteros de transporte pesado CH-47F Chinook. Esta capacidad de proyección de fuerzas es vital para mantener la presencia en territorios lejanos. Con estos medios, Marruecos no solo defiende su territorio, sino que adquiere una capacidad expedicionaria que lo convierte en la potencia militar dominante de la Unión Africana.
HIMARS y misiles Stinger: el escudo y la lanza de Rabat
Si algo ha enseñado la guerra en Ucrania es la relevancia crítica de la artillería de precisión. Marruecos ha tomado nota adquiriendo 18 lanzadores M142 HIMARS, un sistema que permite golpear objetivos estratégicos a cientos de kilómetros con un margen de error mínimo. Esta capacidad de «fuego profundo» obliga a cualquier adversario a replantearse sus líneas de suministro y bases de mando, ya que ningún punto está a salvo del alcance de estos cohetes.
Para protegerse de amenazas aéreas, el Reino ha cerrado la compra de 600 misiles antiaéreos Stinger y radares Sentinel. Este paraguas defensivo busca neutralizar la amenaza de drones y misiles de crucero, una preocupación creciente tras la proliferación de tecnología iraní en la región. Marruecos está construyendo un sistema de defensa multicapa que busca blindar sus ciudades e infraestructuras críticas contra cualquier tipo de ataque asimétrico.
El factor israelí: la pieza que completa el rompecabezas
A este arsenal estadounidense hay que sumar la alianza estratégica que Marruecos mantiene con Israel. La integración de sistemas como el Escudo de Hierro (Barak MX) y la fabricación local de drones suicidas en plantas como la de Benslimane crean un ecosistema militar híbrido único. Rabat está dejando de ser un mero comprador para convertirse en un socio productor de tecnología, lo que garantiza su autonomía logística en caso de conflicto prolongado.
Esta diversificación de proveedores —que incluye también a Turquía e India— refleja una visión de estado que va más allá de una legislatura. Mientras España debate sus presupuestos de defensa entre compromisos europeos y necesidades internas, Marruecos ejecuta un plan maestro que ha elevado su presupuesto militar hasta los 15.700 millones de dólares para 2026. La estrategia es clara: disuasión total mediante la modernización absoluta.
El dilema español: ¿Cooperación o competencia armamentística?
Para los analistas españoles, este rearme supone un desafío de equilibrio diplomático. Por un lado, un Marruecos fuerte y estable es un aliado necesario en la lucha contra el yihadismo y las mafias de tráfico humano. Por otro, la pérdida de la superioridad tecnológica obliga a Madrid a acelerar programas como el Halcón II o la modernización de las fragatas F-100. La seguridad nacional ya no puede darse por sentada solo por la pertenencia a la OTAN.
El escenario de 2026 presenta una realidad donde el Estrecho de Gibraltar ya no es una frontera militar infranqueable, sino un espacio compartido por dos potencias con arsenales de primer nivel. La clave del futuro no estará solo en quién tiene el mejor misil, sino en cómo se gestiona una vecindad que ha decidido armarse hasta los dientes para proteger sus intereses. El tablero magrebí ha cambiado para siempre, y las piezas se mueven ahora con mayor velocidad que nunca.






