Guía de urgencias: cómo distinguir un ataque de ansiedad de un infarto cuando tienes 30 años y estás en la oficina

Estás en tu escritorio, sientes opresión en el pecho y el corazón acelerado. ¿Es ansiedad o algo peor? Los trastornos de ansiedad han aumentado un 36% en menores de 25 años desde 2019, y muchos jóvenes confunden una crisis de pánico con un infarto. Te explicamos las diferencias clínicas que pueden salvarte de un susto innecesario o, en el peor caso, hacerte actuar a tiempo.

Estás en tu escritorio, terminas una reunión tensa, y de repente sientes que el pecho se te cierra. El corazón late tan fuerte que lo oyes en los oídos. Las manos sudan, te falta el aire. Tu mente grita: «Me está dando un infarto». Tienes 30 años, vas al gimnasio, comes bien. Pero el miedo te paraliza.

Esa escena se repite miles de veces en oficinas españolas desde enero de 2026. Los trastornos de ansiedad han escalado un 36% en menores de 25 años desde 2019, y las urgencias registran picos constantes de jóvenes convencidos de sufrir un infarto cuando atraviesan una crisis de pánico.

El dolor que confunde: así se siente cada uno

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El dolor torácico es el síntoma que más aterra. En un infarto, el dolor es opresivo, como si un elefante se sentara sobre tu pecho. Se siente como presión intensa y constante, no cambia con movimientos ni respiración. Suele irradiarse al brazo izquierdo, mandíbula, cuello o espalda.

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En una crisis de ansiedad, el dolor es tipo pinchazo o punzada localizada. Aparece en un punto específico, varía con la respiración o al cambiar de postura. Si te mueves, respiras profundo o presionas la zona, la intensidad cambia. Esa variabilidad es clave: el dolor cardíaco no negocia, el ansioso sí.

El dolor de infarto se extiende, el de ansiedad permanece localizado. Si puedes señalar con un dedo exactamente dónde duele, probablemente sea pánico, no isquemia.

Los síntomas que aumentaron desde 2019 y por qué ahora golpean más

El contexto laboral ha cambiado radicalmente. Estos son los factores que dispararon las crisis en oficinas durante 2025-2026:

  • Jornadas híbridas con presión constante → 62% de trabajadores entre 25-35 años reportan ansiedad laboral crónica
  • Hiperconectividad digital → Exposición permanente a pantallas eleva un 40% los episodios de pánico según registros de salud mental
  • Picos de estrés post-pandemia → Las secuelas psicológicas acumuladas entre 2020-2023 emergen ahora como trastornos diagnosticados
  • Competitividad extrema laboral → La presión por resultados inmediatos genera ataques recurrentes en población de 28-35 años

Esta escalada convierte cada oficina en campo minado emocional. Los síntomas físicos son tan reales que el 70% de quienes sufren su primera crisis acuden a urgencias pensando que van a morir. Las salas de emergencia se saturan cada lunes con jóvenes convencidos de tener problemas cardíacos cuando su corazón está sano.

Cómo afecta a tu vida y por qué debes tomarlo en serio

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Frente a este escenario, las consecuencias son inmediatas. Una crisis de pánico dura entre 5 y 20 minutos en su pico máximo, pero las secuelas psicológicas se extienden días enteros. El miedo a que vuelva a ocurrir genera evitación de situaciones laborales, ausentismo y deterioro del rendimiento.

Un infarto es progresivo. Los síntomas no desaparecen sin tratamiento médico inmediato. Si el dolor persiste más de 20 minutos sin alivio, se acompaña de náuseas intensas, vómito o sudoración fría profusa, y ningún movimiento lo mitiga, llama al 112. Cada minuto cuenta porque las células del músculo cardíaco mueren por falta de sangre.

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El problema se agrava cuando el miedo se convierte en anticipación patológica. Muchos desarrollan agorafobia o evitan reuniones, viajes laborales, ascensores. La ansiedad no tratada deriva en trastornos crónicos que afectan relaciones, proyección profesional y calidad de vida. Ignorarla no es opción: necesitas intervención especializada.

Por qué tu cuerpo confunde miedo con muerte

Más allá del síntoma puntual, hay un mecanismo evolutivo detrás. Durante una crisis de pánico, tu cerebro activa la respuesta de lucha o huida como si enfrentaras un tigre. La frecuencia cardíaca se dispara, hiperventilás, el CO2 en sangre baja bruscamente y eso produce parestesias (hormigueo en manos, brazos, cara) que intensifican el miedo.

Tu mente interpreta esas señales como peligro vital inminente. La sensación de «me voy a morir» es tan real que tu cuerpo reacciona como si fuera cierto. Pero la trampa es esta: esa sensación no es evidencia de infarto. Es tu sistema nervioso autónomo desregulado, no tu corazón fallando.

Esto revela algo importante sobre la salud mental en 2026: vivimos donde el estrés crónico ha normalizado estados de alerta permanente. Nuestro cuerpo ya no distingue entre amenaza real (un accidente) y amenaza percibida (un email de tu jefe). El resultado: ataques en reuniones de Zoom, crisis en el metro, colapsos emocionales que imitan patologías físicas graves. Comprender esto desactiva el ciclo.

Qué hacer si te pasa ahora y cómo actuar después

Mirando adelante, necesitas un protocolo claro. Si sientes dolor torácico en tu escritorio, no entres en pánico pero tampoco lo ignores. Pregúntate: ¿El dolor cambia al respirar profundo? ¿Puedo señalar exactamente dónde duele? ¿Llevo más de 20 minutos así sin alivio? Si las respuestas indican variabilidad y localización puntual, respira despacio, aléjate del escritorio, busca espacio tranquilo.

Si el dolor es constante, opresivo, irradia y no mejora, llama a emergencias de inmediato. No esperes a confirmar. Un electrocardiograma en urgencias te saca de dudas en minutos. Mejor un susto falso que un infarto no atendido.

Los próximos pasos tras una primera crisis son decisivos. Consulta con un psiquiatra o psicólogo especializado en trastornos de ansiedad. La terapia cognitivo-conductual reduce hasta 80% la frecuencia de ataques recurrentes. Paralelamente, un chequeo cardiológico descarta patologías reales y te da tranquilidad objetiva. Reconocer que tu corazón está sano rompe el miedo anticipatorio.

Preguntas clave para entenderlo todo

P: ¿Puede un joven de 30 años sin antecedentes tener un infarto?
R: Sí, aunque es menos frecuente. Factores como tabaquismo, obesidad, hipertensión o historia familiar aumentan el riesgo.

P: ¿Cuánto dura un ataque de ansiedad en promedio?
R: Entre 5 y 20 minutos en su pico máximo, aunque las secuelas emocionales pueden durar horas o días.

P: ¿El hormigueo en brazos y cara siempre indica ansiedad?
R: No siempre, pero es mucho más frecuente en crisis de pánico por hiperventilación que en infartos.

P: ¿Debo ir a urgencias cada vez que siento dolor en el pecho?
R: Si es tu primera vez o el dolor no cede en 20 minutos, sí. Si ya te diagnosticaron ansiedad, aplica técnicas de respiración antes.

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