El calor extremo ya no es solo una incomodidad pasajera del verano ni una ola de calor más en el calendario. Cada vez hay más evidencias científicas de que vivir durante años bajo temperaturas muy altas puede dejar huella en el cuerpo, una huella silenciosa que no siempre se nota de inmediato pero que se acumula con el tiempo. No hablamos solo de sudar más o dormir peor, sino de procesos internos que podrían estar acelerando el envejecimiento biológico.
El calor extremo empieza así a ocupar un lugar inesperado en la conversación sobre salud y longevidad. Estudios recientes señalan que las personas que residen en zonas especialmente calurosas pueden presentar una edad biológica mayor que quienes viven en climas más templados, incluso cuando se tienen en cuenta factores como el nivel de ingresos, los hábitos o el estado general de salud. Una diferencia que pone sobre la mesa un problema que va más allá del confort.
2Qué sucede a nivel celular cuando el calor se prolonga
El calor extremo no solo afecta a los órganos principales, también actúa en un nivel mucho más profundo, el celular. La exposición prolongada a altas temperaturas genera inflamación, estrés oxidativo y alteraciones hormonales que acaban influyendo en el funcionamiento de los genes, cambiando la forma en la que el cuerpo responde al paso del tiempo.
Este proceso, conocido como envejecimiento epigenético, explica por qué el organismo puede “recordar” el estrés térmico incluso cuando la temperatura baja. Investigaciones que analizan marcadores del ADN muestran que quienes viven durante años en climas muy cálidos presentan señales biológicas propias de personas de mayor edad. Es un envejecimiento interno que no siempre se ve, pero que puede afectar a la salud futura.






