Comer patatas así podría elevar el riesgo de diabetes, según la ciencia

Las papas están en casi todos los platos y rara vez despiertan sospechas, pero ahora la ciencia empieza a mirarlas con otros ojos, debido a su preparación y la frecuencia de su consumo, que podría estar influyendo en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Al hablar de diabetes normalmente es porque se está hablando de alimentación, pero no siempre se habla de este tema con los matices adecuados. Durante mucho tiempo se ha hablado de azúcar, refrescos o ultraprocesados, mientras otros alimentos de consumo diario pasaban más desapercibidos. Sin embargo, la ciencia vuelve a poner el foco en algo tan cotidiano como las papas y en cómo la forma de prepararlas puede marcar una diferencia real en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

La diabetes no aparece de la noche a la mañana y tampoco depende de un solo alimento, pero cada hábito suma. Un nuevo y amplio estudio de la Universidad de Harvard, publicado en BMJ, ha analizado durante casi cuatro décadas la dieta de más de 200.000 profesionales de la salud y ha encontrado una relación clara entre el consumo frecuente de papas fritas y un mayor riesgo de diabetes, y no es como tal una alarma puntual, pero si es una señal que invita a mirar el plato con un poco más de atención.

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¿por qué las papas fritas son un gran problema para la diabetes?

“Papas fritas” Fuente: Freepik

La diabetes aparece con más facilidad cuando se combinan varios factores y las papas fritas reúnen unos cuantos, pues además del almidón, también cuenta el aceite, la grasa y la sal. Según los investigadores, una porción estándar equivale a unas papas fritas medianas o grandes de una cadena de comida rápida, algo que muchas personas superan sin darse cuenta.

Además, como explica el profesor Walter Willett, uno de los autores del estudio, las porciones reales suelen ser mucho más grandes de lo recomendado. Comer muchas papas fritas de una sola vez, aunque sea una vez por semana, puede tener más impacto del que parece. A largo plazo, este patrón se asocia con una menor tolerancia a la glucosa y una peor sensibilidad a la insulina, dos caminos directos hacia la diabetes tipo 2.

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