Ozempic y Wegovy eran fármacos que prometían revolucionar la batalla contra la obesidad. Miles de personas han logrado perder peso rápidamente con estas inyecciones, pero la letra pequeña empieza a gritar. Cuando dejas el tratamiento, tu cuerpo tiene memoria: recuperas kilos, presión arterial alta, colesterol malo y glucosa descontrolada. La pregunta incómoda está sobre la mesa: ¿adelgazas o solo alquilas un cuerpo más delgado?
Un metaanálisis publicado en enero 2026 en The BMJ ha analizado 37 estudios con más de 9.300 participantes y confirma lo que muchos sospechaban. Las personas que abandonan fármacos antiobesidad recuperan el peso perdido más rápido que quienes adelgazan con dietas convencionales. Los usuarios de semaglutida (Ozempic, Wegovy) y tirzepatida (Mounjaro) pierden una media de 9,9 kilogramos, pero recuperan esa cantidad en apenas 12 meses tras suspenderlo. El rebote no es casualidad: es intrínseco al mecanismo del fármaco.
Qué son los fármacos antiobesidad y cómo funcionan
Los medicamentos más efectivos hoy pertenecen a la familia de los agonistas de GLP-1: semaglutida (Ozempic, Wegovy, Rybelsus) y tirzepatida (Mounjaro). Estos fármacos imitan una hormona natural que regula el apetito y el metabolismo, logrando que comas menos sin esfuerzo consciente. En España se comercializan mediante inyecciones semanales, y su disponibilidad sigue limitada por la alta demanda. El problema: su efecto depende de la presencia continua del fármaco.
Cuando los tomas, el GLP-1 sintético dura mucho más tiempo activo que su versión natural, porque resiste a la enzima DPP-4 que normalmente lo elimina. Esto reduce drásticamente el apetito y mejora marcadores como glucosa, presión arterial y colesterol. Pero este control artificial se desvanece al suspender las inyecciones. El apetito deja de estar controlado y comer en exceso se vuelve mucho más probable si no has establecido cambios reales en tu dieta.
Por qué el efecto rebote golpea más rápido que con dietas convencionales
La primera semana de enero 2026 sacudió el sector con datos duros. El metaanálisis revela que la recuperación de peso comienza apenas 8 semanas después de interrumpir el tratamiento y se acelera hasta estabilizarse tras 20 semanas. Frente a esto, quienes adelgazan con programas de cambio de comportamiento tardan casi cuatro años en regresar al peso inicial. La diferencia es brutal: 0,8 kilogramos por mes con fármacos GLP-1 versus 0,25 kilogramos con dietas convencionales.
Los datos específicos por fármaco revelan el alcance del problema:
- Semaglutida (Ozempic, Wegovy): recuperación media de 9,9 kilos en 12 meses tras suspender
- Tirzepatida (Mounjaro): pacientes recuperaron casi la mitad del peso perdido al cambiar a placebo tras 36 semanas
- Todos los agonistas de incretinas: recuperación media de 6 kilogramos en el primer año
- Proyección total: peso original recuperado en 1,5-1,7 años sin intervención adicional
El estudio también detectó que el 50% de las personas abandona estos fármacos antes de cumplir un año de tratamiento. La razón: efectos adversos, coste elevado, o falsa creencia de que el peso se mantiene solo. Javier Gómez Ambrosi, del Laboratorio de Investigación Metabólica de la Clínica Universidad de Navarra, advierte que «abandonarlos nos lleva a la recuperación de la situación fisiopatológica anterior». Sin cambios de estilo de vida paralelos, el cuerpo simplemente regresa a su equilibrio previo.
Cómo afecta: más allá del peso, pierdes salud cardiovascular
El rebote no se limita a kilos. Los indicadores cardiovasculares que mejoraron durante el tratamiento regresan a niveles peligrosos en aproximadamente 1,4 años tras la suspensión. La presión arterial sistólica aumenta 0,5 mmHg al mes, la diastólica 0,2 mmHg mensual. El colesterol total y los triglicéridos vuelven a subir a razón de 0,05 mmol/L y 0,03 mmol/L por mes respectivamente.
La glucosa en ayunas aumenta 0,06 mmol/L mensualmente y la hemoglobina glucosilada (HbA1c) sube 0,05 mmol/mol cada mes. Esto significa que un diabético que logró controlar su glucosa con Wegovy vuelve a valores peligrosos antes de cumplir el año y medio sin medicación. Sam West, del Departamento Nuffield de Ciencias de la Salud de Oxford, lidera el análisis y subraya que usar estos fármacos a corto plazo sin enfoque terapéutico integral resulta en una pérdida rápida del conjunto de beneficios.
Qué implica: estos fármacos no curan, controlan mientras los tomas
La obesidad no es un problema de fuerza de voluntad. Es una enfermedad crónica con componentes genéticos, metabólicos y ambientales. Los fármacos GLP-1 tratan el síntoma regulando el apetito artificialmente, pero no modifican los mecanismos subyacentes que causaron la obesidad inicial. Por eso, cuando retiras el fármaco, el apetito deja de estar controlado y los patrones previos regresan.
| Comparación | Fármacos GLP-1 | Cambio comportamiento |
|---|---|---|
| Pérdida peso 1 año | 9,9 kg | 2-5 kg |
| Recuperar peso original | 1,5-1,7 años | 3-4 años |
| Recuperación mensual | 0,8 kg/mes | 0,25 kg/mes |
Esto revela algo crucial sobre cómo funcionan estos tratamientos en 2026. No son curas: son herramientas de control activo. Depender únicamente de ellos sin establecer cambios dietéticos o conductuales es como apagar un incendio sin reparar el cableado defectuoso. El fuego volverá. Las farmacéuticas han encontrado un filón comparable al de las enfermedades cardiovasculares, porque más de 650 millones de adultos cumplen criterios de obesidad globalmente. Pero la solución no puede ser medicación perpetua sin modificación de hábitos.








