Cataluña esconde lugares donde el tiempo parece haberse detenido sin perder significado, rincones que no necesitan grandes cifras ni multitudes para demostrar su importancia. En pleno Pirineo, existe un pequeño pueblo que concentra más Patrimonios de la Humanidad por habitante que ningún otro en España, un dato que sorprende y que invita a mirar con otros ojos una parte de Cataluña que muchas veces pasa desapercibida.
Hablar de Cataluña en este contexto es hablar de la Vall de Boí, un conjunto de valles y pueblos que durante siglos permanecieron aislados, protegidos por las montañas y ajenos a los grandes cambios. Hoy, ese aislamiento se ha convertido en su mayor valor, una puerta abierta a un paisaje de alta montaña y a un patrimonio cultural excepcional, enmarcado además por el parque nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici.
1Un valle pequeño con un patrimonio irrepetible en Cataluña
La Vall de Boí concentra uno de los conjuntos románicos más importantes de Europa, un legado que ha convertido a Cataluña en referente internacional del románico rural de montaña. La Unesco lo reconoció por la coherencia del conjunto, por la calidad de sus construcciones y por la forma tan clara en la que explica cómo se aplicaba la creatividad arquitectónica en un mismo territorio hace casi mil años.
Este despliegue monumental no fue casual. Durante la Edad Media, la familia feudal de los Erill impulsó la construcción de ocho iglesias y una ermita en apenas unas décadas, siguiendo el estilo románico lombardo. Gracias a su aislamiento y a un notable estado de conservación, estos templos han llegado hasta hoy prácticamente intactos, reforzando el valor histórico y cultural de esta zona de Cataluña.






