Cataluña esconde lugares donde el tiempo parece haberse detenido sin perder significado, rincones que no necesitan grandes cifras ni multitudes para demostrar su importancia. En pleno Pirineo, existe un pequeño pueblo que concentra más Patrimonios de la Humanidad por habitante que ningún otro en España, un dato que sorprende y que invita a mirar con otros ojos una parte de Cataluña que muchas veces pasa desapercibida.
Hablar de Cataluña en este contexto es hablar de la Vall de Boí, un conjunto de valles y pueblos que durante siglos permanecieron aislados, protegidos por las montañas y ajenos a los grandes cambios. Hoy, ese aislamiento se ha convertido en su mayor valor, una puerta abierta a un paisaje de alta montaña y a un patrimonio cultural excepcional, enmarcado además por el parque nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici.
3El románico de la Vall de Boí, más allá de las iglesias
Las iglesias de la Vall de Boí comparten un elemento inconfundible, que son sus campanarios esbeltos de planta cuadrada, que parecen dialogar con las montañas del Pirineo. En Erill la Vall destaca el de Santa Eulàlia, uno de los más altos y mejor conservados, símbolo del románico catalán y de la identidad visual de esta parte de Cataluña.
Para comprender este legado en su conjunto, el Centro de Interpretación del Románico de Erill la Vall es una parada imprescindible. Desde allí se puede trazar una ruta por templos clave como Sant Climent de Taüll, Santa María de Taüll o Sant Joan de Boí, donde la tecnología actual permite revivir las pinturas originales y experimentar, de forma sencilla y cercana, cómo era la vida y el arte en la Cataluña medieval.






