La ciudad olvidada de Roma que fue el “Manhattan” del Imperio y casi nadie conoce

Roma tiene la extraña capacidad de hacernos creer que ya lo hemos visto todo hasta que aparece una historia que desmonta esa ilusión. Conoce la ciudad vibrante, caótica y vertical, donde el comercio mandaba y la vida nunca se detenía.

Roma es una ciudad que parece inagotable, un lugar donde cada piedra cuenta una historia y donde el visitante cree haberlo visto todo hasta que descubre que aún quedan secretos por desenterrar. Cuando pensamos en Roma solemos imaginar el Coliseo, el Foro o el Vaticano, escenarios que resumen el esplendor del Imperio, pero la propia Roma esconde rincones que revelan otra cara de su pasado, una mucho más cotidiana y sorprendente, que permite entender cómo vivían realmente miles de personas lejos de los grandes templos y palacios.

Roma, en realidad, fue mucho más que monumentos majestuosos y emperadores legendarios, también fue una red de ciudades satélite que alimentaban su poder económico y social. Entre ellas destaca una urbe que durante siglos quedó en el olvido y que hoy vuelve a despertar admiración. Se trata de Ostia Antica, una ciudad que funcionó como un gran pulmón comercial y que llegó a ser comparada con el Manhattan moderno por su actividad frenética y su sorprendente urbanismo.

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Una ciudad vertical adelantada a su tiempo

“Castillo de Julio II”. Fuente: Wikipedia

Cuando se habla de Roma solemos pensar en lujosas viviendas con patios y mosaicos, pero Ostia Antica revela una realidad muy distinta que ayuda a entender cómo vivía la mayoría de la población. Allí se levantaban las conocidas insulae, bloques de apartamentos que podían alcanzar seis o siete plantas, una solución urbanística que recuerda inevitablemente a los rascacielos actuales y que refuerza la comparación con Manhattan.

Estas construcciones permitían alojar a miles de ciudadanos en espacios reducidos, creando barrios densamente poblados donde convivían tiendas, tabernas y viviendas en un mismo edificio. Las plantas bajas estaban llenas de negocios, como el famoso Bar de Fortunatus, que conserva un mosaico invitando a los clientes a beber. Este tipo de detalles demuestra que Ostia Antica no era solo un centro económico de Roma, sino también un lugar vibrante donde la vida social tenía tanto peso como el comercio.

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