Roma es una ciudad que parece inagotable, un lugar donde cada piedra cuenta una historia y donde el visitante cree haberlo visto todo hasta que descubre que aún quedan secretos por desenterrar. Cuando pensamos en Roma solemos imaginar el Coliseo, el Foro o el Vaticano, escenarios que resumen el esplendor del Imperio, pero la propia Roma esconde rincones que revelan otra cara de su pasado, una mucho más cotidiana y sorprendente, que permite entender cómo vivían realmente miles de personas lejos de los grandes templos y palacios.
Roma, en realidad, fue mucho más que monumentos majestuosos y emperadores legendarios, también fue una red de ciudades satélite que alimentaban su poder económico y social. Entre ellas destaca una urbe que durante siglos quedó en el olvido y que hoy vuelve a despertar admiración. Se trata de Ostia Antica, una ciudad que funcionó como un gran pulmón comercial y que llegó a ser comparada con el Manhattan moderno por su actividad frenética y su sorprendente urbanismo.
3El Wall Street de la antigua Roma
Roma necesitaba una estructura organizada para controlar su gigantesco sistema comercial, y Ostia Antica cumplía también esa función administrativa. La Plaza de las Corporaciones se convirtió en el corazón financiero de la ciudad, un espacio donde comerciantes y navieros cerraban acuerdos que garantizaban el suministro constante a Roma. Sus mosaicos, decorados con barcos, animales y símbolos de distintas regiones, muestran la diversidad de territorios que participaban en este intercambio.
Muy cerca se encontraban almacenes monumentales como los Horrea Epagathiana, que reflejan la prosperidad de los comerciantes que hicieron fortuna en esta ciudad portuaria. Ostia Antica también contaba con infraestructuras avanzadas para la época, desde complejos termales hasta letrinas públicas sorprendentemente sofisticadas, lo que demuestra que Roma no solo exportó su cultura y su arquitectura, sino también un modelo urbano extraordinariamente moderno.






