Así influye la relación con Mauritania en la seguridad de España

El aspecto más visible y sensible de esta colaboración es la gestión de los flujos migratorios

La relación entre España y Mauritania se ha erigido como una de las piedras angulares de la arquitectura de seguridad en el flanco sur de Europa y por ende de España. Lo que hace apenas hace dos décadas era una relación cordial basada en la pesca y acuerdos comerciales discretos, se ha transformado en 2026 en una alianza estratégica de máxima prioridad para el Palacio de la Moncloa. Mauritania no es solo un país cercano dentro del Océano Atlántico; es, en palabras de la diplomacia española, un «oasis de estabilidad» en medio de un Sahel que se desmorona bajo el peso de los golpes de Estado y la insurgencia radical de corte yihadista.

Esta conexión bilateral ha alcanzado su madurez política tras la histórica Reunión de Alto Nivel celebrada en julio de 2025, un encuentro que marcó un antes y un después al elevar la interlocución al máximo nivel diplomático. La ratificación del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación no fue un mero trámite administrativo, sino el blindaje jurídico de una hoja de ruta común que abarca desde la vigilancia de las costas hasta la ciberseguridad avanzada. Para Madrid, mantener a Mauritania como un socio fiable es una cuestión de Estado que trasciende ideologías, pues de su solidez institucional depende, en gran medida, la tranquilidad de las Islas Canarias y la integridad de las fronteras exteriores de la Unión Europea.

EL DESAFÍO DE LOS CAYUCOS Y LA INMIGRACIÓN IRREGULAR

El aspecto más visible y sensible de esta colaboración es la gestión de los flujos migratorios. Las costas mauritanas se han convertido históricamente en el principal trampolín para los cayucos que buscan alcanzar el archipiélago canario, una de las rutas migratorias más peligrosas y letales del mundo. Conscientes de que la represión en solitario es insuficiente, España ha liderado un cambio de paradigma basado en la «prevención en origen».

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La presencia de destacamentos de la Policía Nacional y la Guardia Civil en Nuadibú y Nuakchot, una colaboración que se remonta a 2006, se ha intensificado recientemente con ejercicios navales conjuntos en febrero de 2026. Estas maniobras no solo buscan interceptar embarcaciones, sino también mejorar la seguridad de la navegación y la coordinación operativa frente a las mafias que lucran con la desesperación humana.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al presidente de la República Islámica de Mauritania, Mohamed Cheikh El Ghazouani (Fuente: Agencias)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al presidente de la República Islámica de Mauritania, Mohamed Cheikh El Ghazouani (Fuente: Agencias)

Sin embargo, la estrategia española va más allá de la vigilancia marítima. El enfoque actual apuesta por la denominada migración circular, un sistema que fomenta la contratación en origen y permite que ciudadanos mauritanos trabajen en España de manera legal y ordenada para luego regresar a su país con ahorros y formación. Este modelo busca desarticular el modelo de negocio de las redes de tráfico de personas ofreciendo una alternativa digna y segura.

Al mismo tiempo, España actúa como el principal valedor de Mauritania ante las instituciones en Bruselas, logrando movilizar paquetes de ayuda económica que superan los quinientos millones de euros. Estos fondos están destinados no solo a la gestión fronteriza, sino a proyectos de desarrollo que ofrecen un futuro a la juventud mauritana, evitando que el desarraigo los empuje al mar o a las filas del radicalismo.

ESTABILIDAD EN EL SAHEL

Mientras que países vecinos como Mali, Níger y Burkina Faso han experimentado una deriva convulsa, alejándose de los marcos de cooperación occidentales para buscar nuevos aliados como Rusia, Mauritania se ha mantenido firme como un interlocutor fiable para la comunidad internacional. Su papel como sede del Secretariado del G5 Sahel la posiciona como el último gran referente de institucionalidad en una región marcada por la expansión de los grupos yihadistas.

España entiende que, si Mauritania cayera en la inestabilidad, el vacío de seguridad resultante llegaría directamente a las puertas del Mediterráneo. Por ello, la cooperación militar se ha convertido en un pilar fundamental de la relación, con instructores españoles impartiendo formación avanzada en capacidades de combate y tácticas antiterroristas a las tropas locales.

Este apoyo en defensa se complementa con una visión moderna de la seguridad que incluye la protección del espacio digital. En un mundo interconectado, el crimen organizado y el terrorismo utilizan las redes para la captación, la financiación y el sabotaje de infraestructuras críticas. Los acuerdos de ciberseguridad firmados en 2025 entre Madrid y Nuakchot responden a esta necesidad imperiosa de blindar el estado de derecho frente a las nuevas amenazas tecnológicas.

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España no solo exporta formación táctica, sino también tecnología y protocolos de justicia que aseguran que el territorio mauritano no se convierta en una zona de retaguardia para grupos armados o redes de tráfico ilícito que operan en la vasta y porosa geografía del desierto.

Un grupo de mujeres militares de la Gendarmería de Níger (Fuente: Agencias)
Un grupo de mujeres militares de la Gendarmería de Níger (Fuente: Agencias)

COMPROMISO FINANCIERO A LARGO PLAZO

La sostenibilidad de esta alianza estratégica no se basa únicamente en la seguridad militar, sino en un compromiso financiero y social profundo que busca la estabilidad integral del país africano. El Plan de Cooperación España-Mauritania 2024-2027 es la herramienta que materializa esta visión, canalizando inversiones hacia sectores clave como la sanidad, el transporte y la seguridad social. Para el gobierno español, la prosperidad de Mauritania es la mejor garantía de seguridad para España. Por ello, de los fondos comprometidos por la Unión Europea, una parte significativa proviene directamente de las arcas españolas, reafirmando el papel de Madrid como el puente necesario entre África y Europa.

Al actuar como un país de tránsito y refugio para miles de desplazados de otros conflictos regionales, Mauritania realiza un esfuerzo titánico que podría colapsar sin el apoyo externo. La ayuda española ayuda a prevenir crisis humanitarias masivas que tendrían un efecto dominó en todo el norte de África. La relación bilateral ha evolucionado así desde una vigilancia reactiva hacia una asociación estratégica proactiva, donde la confianza mutua permite afrontar retos comunes como el cambio climático, la seguridad alimentaria y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. En este escenario, Mauritania no es solo un socio de conveniencia, sino un aliado indispensable para garantizar que el Atlántico siga siendo un espacio de oportunidad y no un escenario de conflicto.

A medida que avanzamos en 2026, la alianza entre España y Mauritania se consolida como un modelo de éxito en la cooperación sur-norte. En un mundo cada vez más fragmentado, la capacidad de ambos países para mantener un diálogo constante y efectivo demuestra que la seguridad compartida es el único camino hacia la estabilidad regional. Madrid ha dejado claro que su mirada hacia África pasa obligatoriamente por Nuakchot, y Mauritania ha reafirmado que su camino hacia el desarrollo y la seguridad encuentra en España a su mejor aliado en el continente europeo.

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