El impacto real de los coches en el planeta: cómo dañan el aire, el clima y tu salud

Los coches están tan integrados en nuestro día a día que casi pasan desapercibidos, pero su presencia tiene un coste que no siempre vemos. Más allá de llevarnos de un sitio a otro, influyen en el aire que respiramos, en el clima y en nuestra salud de una forma mucho más profunda de lo que solemos imaginar.

Los coches forman parte de nuestra vida diaria hasta el punto de que casi no reparamos en ellos, están ahí para llevarnos al trabajo, al colegio o de viaje sin que pensemos demasiado en todo lo que implican. Sin embargo, detrás de esa comodidad cotidiana se esconde un impacto enorme en el planeta que va mucho más allá de lo que sale por el tubo de escape y que empieza mucho antes de girar la llave.

Los coches no solo contaminan cuando circulan, también lo hacen cuando se fabrican, cuando se mantienen y cuando llegan al final de su vida útil. Entender ese recorrido completo ayuda a poner en contexto un debate que suele simplificarse demasiado y que afecta directamente al aire que respiramos, al clima y, aunque a veces no lo parezca, a nuestra propia salud.

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Fabricar y deshacerse de los coches también deja huella

“Fabricación y deshecho”. Fuente: Freepik

Los coches empiezan a contaminar mucho antes de pisar el asfalto. La producción de un vehículo implica extraer y transformar grandes cantidades de acero, caucho, vidrio, plásticos y componentes electrónicos, un proceso que consume energía, agua y recursos naturales a gran escala. Cada coche nuevo que sale de una fábrica arrastra consigo una huella ambiental que no se ve, pero que es real y significativa.

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Cuando los coches dejan de funcionar, el problema no desaparece del todo. Plásticos, líquidos contaminantes y restos de baterías pueden permanecer en el entorno durante años si no se gestionan correctamente. Es cierto que hoy se recicla gran parte de un automóvil, especialmente el acero y algunos componentes clave, pero aun así el coste ambiental de producir, reciclar y eliminar coches sigue siendo alto y, en muchos casos, escapa al control del consumidor.

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