El sprint ha pasado de ser cosa de atletas profesionales a convertirse en uno de los entrenamientos más comentados en redes, vídeos virales que prometen grandes resultados en muy poco tiempo y que despiertan tanta curiosidad como dudas. La idea de que un minuto de esfuerzo intenso pueda mejorar la salud suena casi demasiado bien para ser verdad, pero detrás del ruido hay estudios, expertos y datos que ayudan a entender por qué este tipo de ejercicio está ganando tanto protagonismo.
El sprint no es magia ni una solución rápida para todo, pero sí una herramienta potente cuando se entiende bien y se usa con cabeza. No hace falta hacerlo todos los días ni correr como si te persiguiera alguien, basta con saber qué aporta, a quién le conviene y cómo introducirlo sin riesgos en una rutina normal, algo especialmente interesante para quienes tienen poco tiempo y quieren sacarle más partido a su entrenamiento.
2Más allá del corazón, músculos, huesos y cerebro
El sprint no solo trabaja pulmones y corazón, también activa fibras musculares rápidas que casi no se usan en la vida diaria ni en el cardio suave. Estas fibras son clave para la potencia, la agilidad y la coordinación, y se pierden con la edad si no se estimulan, por eso correr a máxima velocidad puede ayudar a mantener un cuerpo más reactivo y funcional con el paso de los años.
Además, es uno de los pocos ejercicios cardiovasculares que tiene un impacto positivo en la densidad ósea, especialmente en zonas como caderas, columna y piernas. A esto se suma un efecto interesante sobre el cerebro, ya que el alto flujo sanguíneo que se genera durante el sprint parece estar relacionado con una mejor salud cognitiva y con la protección frente al deterioro asociado al envejecimiento, algo que cada vez interesa más a la ciencia.





