El café forma parte de la rutina diaria de millones de personas, casi siempre asociado a las mañanas largas, a las sobremesas eternas o a esa necesidad urgente de mantenerse despierto cuando el cuerpo empieza a pedir tregua. Lo curioso es que, desde hace un tiempo, también se ha habla mucho de él al tocar el tema de la siesta, ese pequeño descanso que muchos consideran un lujo y otros, una pérdida de tiempo.
Cada vez más estudios y expertos se preguntan si tomar café justo antes de dormir una siesta corta puede ser una combinación más inteligente de lo que parece. Lejos de ser un truco moderno o una moda pasajera, esta costumbre tiene raíces culturales y empieza a encontrar respaldo científico, aunque con matices y advertencias que conviene tener en cuenta.
1Lo que ocurre en el cerebro cuando aparece el sueño
El café no actúa por arte de magia ni despierta al cerebro porque sí. La sensación de somnolencia que aparece a lo largo del día tiene mucho que ver con la adenosina, una sustancia que se va acumulando en el cerebro a medida que gastamos energía. Cuanta más adenosina se acumula, más fuerte es la señal de que necesitamos descansar, algo que se traduce en párpados pesados y concentración bajo mínimos.
Aquí es donde está bebida entra en escena, pues la cafeína bloquea los receptores a los que normalmente se une la adenosina, impidiendo que el mensaje de cansancio llegue con tanta fuerza. El resultado es conocido por cualquiera que haya tomado café alguna vez; el cuerpo está más alerta, más foco y con la sensación de que el cerebro vuelve a arrancar. Eso sí, este efecto no es infinito y el cuerpo aprende rápido, generando tolerancia cuando el consumo es habitual.






