País Vasco es sinónimo de mar, de montes verdes y de pueblos que han aprendido a vivir mirando al horizonte. En esta tierra donde la identidad se transmite de generación en generación, hay lugares en los que la relación con el agua va mucho más allá del paisaje y se convierte en una forma de entender la vida, el trabajo y también el deporte.
País Vasco guarda rincones donde la tradición no se explica en museos, sino que se ve cada día en el puerto, en la ría y en el esfuerzo colectivo. En uno de esos pueblos, el remo no es un espectáculo puntual ni una afición de verano, es una herencia que se ha mantenido viva durante más de un siglo y que sigue marcando el pulso del lugar.
1Un pueblo marinero entre la ría, el mar y la historia
País Vasco encuentra en la comarca de Urola Kosta uno de sus paisajes más equilibrados, donde el azul del Cantábrico se mezcla con el verde de la montaña y el trazado de antiguas rutas jacobeas. En este entorno se asienta Orio, una villa marinera que ya en el siglo XVI miraba más allá del océano y cazaba ballenas en aguas lejanas, mientras hoy mantiene viva su relación con el mar a través de la pesca y la gastronomía.
El casco antiguo de Orio, conocido como Goiko Kale, conserva ese aire medieval que invita a pasear sin prisa. Sus calles empinadas y estrechas parten de la iglesia de San Nicolás de Bari y ascienden hasta la ermita de San Martín de Tours, dejando claro que aquí la historia se recorre a pie. No es casualidad que durante siglos los peregrinos del Camino del Norte encontraran en este pueblo una parada natural para descansar antes de continuar hacia Santiago.






