La memoria es una de esas capacidades que solo echamos de menos cuando empieza a fallar, y cuando cosas como olvidar un nombre nada más escucharle, no recordar dónde dejaste las llaves o quedarte en blanco en mitad de una conversación son situaciones comunes que generan frustración y hasta vergüenza, aunque en realidad forman parte del funcionamiento normal del cerebro y de su forma de filtrar información.
La memoria no está pensada para almacenarlo todo sin criterio, sino para seleccionar lo que considera relevante, de hecho, olvidar también es una función necesaria. El problema aparece cuando esos despistes empiezan a repetirse o interfieren con la vida diaria, algo que ha llevado a la ciencia a estudiar qué hábitos y estrategias pueden ayudarnos a recordar mejor sin necesidad de trucos extremos, por lo que aquí te mencionamos algunas de ellas.
1Dar significado a lo que quieres recordar
La memoria se fija mejor cuando la información tiene sentido y no llega como un dato aislado. El cerebro trabaja constantemente conectando lo nuevo con lo que ya conoce, por eso recordar algo resulta mucho más fácil cuando podemos relacionarlo con una experiencia personal, una emoción o un conocimiento previo que ya está bien asentado.
Esto se puede aplicar de muchas formas en el día a día, por ejemplo, asociar un nombre a una imagen mental, a una persona conocida o incluso a una característica llamativa ayuda a que la memoria lo ancle mejor. En el caso de datos abstractos, crear pequeñas historias, rimas o imágenes exageradas puede parecer infantil, pero es sorprendentemente eficaz para fijar la información.






