La memoria es una de esas capacidades que solo echamos de menos cuando empieza a fallar, y cuando cosas como olvidar un nombre nada más escucharle, no recordar dónde dejaste las llaves o quedarte en blanco en mitad de una conversación son situaciones comunes que generan frustración y hasta vergüenza, aunque en realidad forman parte del funcionamiento normal del cerebro y de su forma de filtrar información.
La memoria no está pensada para almacenarlo todo sin criterio, sino para seleccionar lo que considera relevante, de hecho, olvidar también es una función necesaria. El problema aparece cuando esos despistes empiezan a repetirse o interfieren con la vida diaria, algo que ha llevado a la ciencia a estudiar qué hábitos y estrategias pueden ayudarnos a recordar mejor sin necesidad de trucos extremos, por lo que aquí te mencionamos algunas de ellas.
2Espaciar el aprendizaje y aceptar el esfuerzo
La memoria no responde bien a los atracones de información, por lo que estudiar todo en una sola sesión suele dar una falsa sensación de control, pero gran parte de ese contenido se pierde rápido. Espaciar los repasos en el tiempo permite que el cerebro consolide lo aprendido y lo traslade a la memoria a largo plazo de forma más estable.
Además, el esfuerzo juega un papel clave, e intentar recordar algo antes de consultar la respuesta, equivocarse y corregirse activa procesos que refuerzan las conexiones neuronales. Aunque resulte incómodo, ese pequeño choque mental es justo lo que hace que la memoria se vuelva más resistente y accesible cuando realmente la necesitamos.






