La cerveza lleva siglos acompañando celebraciones, encuentros sociales y momentos cotidianos, y no solo cuando llega la Oktoberfest o el Día Internacional de la Cerveza. Está tan integrada en muchas culturas que pocas veces se piensa en ella más allá del placer o el hábito, aunque en los últimos años la ciencia ha empezado a mirarla con otros ojos, no tanto por el alcohol, sino por uno de sus ingredientes más característicos.
Está bebida, en realidad, es mucho más que agua, levadura y cereales fermentados. Detrás de su sabor amargo y su aroma hay una planta que ha despertado un enorme interés entre investigadores de todo el mundo: el lúpulo. Este ingrediente, fundamental en la elaboración moderna de la cerveza, es el que está detrás de muchos de los posibles beneficios para la salud que hoy se estudian con cada vez más atención.
3Lo que dicen los estudios y dónde está el límite
Gran parte de la investigación sobre la cerveza y el lúpulo se ha realizado en animales y células, con resultados llamativos. En ratas obesas, por ejemplo, el xantohumol ha demostrado reducir la glucosa en sangre, mejorar los niveles de colesterol y frenar el aumento de peso. También se ha observado que interfiere en distintos procesos del cáncer, dificultando que las células tumorales se reproduzcan o se expandan.
En humanos, aunque los estudios aún son limitados, los datos empiezan a ser prometedores, ya que personas con prediabetes que tomaron extractos de lúpulo mejoraron sus niveles de azúcar en sangre, y durante la pandemia algunos pacientes tratados con xantohumol mostraron una recuperación respiratoria más rápida. Aun así, los expertos insisten en no confundir estos hallazgos con una invitación a beber sin control, porque la cantidad de estos compuestos es baja y el alcohol sigue teniendo riesgos claros para la salud.





