Lo que los refrescos light podrían estar haciendo con tu apetito, según los estudios

Durante años los refrescos light se han visto como la opción “buena”, esa bebida que permite darse un gusto sin culpa. Pero la ciencia empieza a mirar con lupa ese hábito tan común y a preguntarse si, en lugar de ayudar, podría estar despertando el apetito sin que nos demos cuenta.

Los refrescos light se han convertido en un gesto casi automático para millones de personas que quieren cuidarse un poco más sin renunciar al sabor dulce ni a las burbujas. Están en las comidas, en la oficina, en la nevera “por si acaso” y durante años han cargado con la etiqueta de alternativa inteligente frente a los refrescos azucarados, una especie de pequeño truco cotidiano para engañar a las calorías.

Estos refrescos, sin embargo, llevan tiempo despertando dudas entre científicos y nutricionistas. No porque engorden de forma directa o inmediata, sino porque podrían estar influyendo en la manera en que el cerebro interpreta el hambre, la saciedad y el deseo de comer. Y así, lo que parecía una solución sencilla se está volviendo, poco a poco, una historia bastante más compleja.

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La desconexión entre dulzor y saciedad

“Dulzor vs saciedad”. Fuente: Freepik

Una de las hipótesis más repetidas es la llamada “desconexión” entre lo que el cerebro espera y lo que realmente recibe. El dulzor intenso le dice al cerebro que vienen calorías, pero cuando no llegan, la sensación de saciedad no se activa como debería y el cuerpo sigue buscando alimento para compensar esa ausencia.

En la práctica, esto podría traducirse en más ganas de comer después de tomar los refrescos light, especialmente alimentos dulces o ricos en energía. Algunos estudios en humanos y animales apuntan en esa dirección, mostrando que los edulcorantes no activan hormonas clave como la insulina o el GLP-1, que ayudan a decirle al cuerpo que ya es suficiente.

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