Un nombre ha comenzado a resonar con una frecuencia inquietante en los informes de inteligencia y en las crónicas de guerra: el Vampire. Sin embargo, no solo un arma, más bien representa las dos caras de la guerra contemporánea. Por un lado, encontramos un sofisticado sistema de defensa estadounidense diseñado para limpiar los cielos de amenazas; por otro, surge un depredador nocturno de fabricación ucraniana que se ha convertido en la pesadilla de las unidades blindadas.
La confusión entre estas tecnologías es habitual, pero comprender sus diferencias es fundamental para entender cómo ha mutado la forma de afrontar los conflictos modernos. El término se utiliza principalmente para referirse a dos innovaciones que han ganado una relevancia crítica.
EL SISTEMA VAMPIRE DE L3HARRIS
Desde los laboratorios de la empresa estadounidense L3Harris llega la primera interpretación de esta tecnología. El VAMPIRE no es un dron, a pesar de lo que su nombre sugiera a los no iniciados. En realidad, se trata de un acrónimo técnico para Vehicle-Agnostic Modular Palletized ISR Rocket Equipment. Su naturaleza es esencialmente defensiva y su diseño responde a una necesidad urgente del siglo XXI: la democratización de la defensa antiaérea.
Este sistema destaca por ser «agnóstico al vehículo«, lo que en términos militares significa que puede ser instalado en prácticamente cualquier plataforma con una zona de carga, desde un camión militar hasta una camioneta pick-up convencional de uso civil. Esta versatilidad permite que unidades móviles se desplacen rápidamente por el terreno, convirtiendo un vehículo de logística en una plataforma de ataque contra drones. Su función principal es el sistema C-UAS, orientado a interceptar y derribar drones enemigos antes de que alcancen sus objetivos.

La genialidad del sistema VAMPIRE reside en su equilibrio entre costo y efectividad. En un mundo donde un misil Patriot puede costar millones de dólares, utilizarlo para derribar un dron suicida barato resulta económicamente insostenible. El sistema de L3Harris utiliza cohetes guiados por láser de alta precisión, conocidos como APKWS. Estos proyectiles son, en esencia, cohetes convencionales a los que se les añade una sección media con aletas inteligentes que buscan un puntero láser. Con un coste de aproximadamente veintisiete mil dólares por disparo, el VAMPIRE ofrece una solución rentable para neutralizar amenazas como los drones Shahed, apoyándose en una torre de sensores de última generación que detecta el calor y la silueta de los intrusos a kilómetros de distancia.
EL DRON HEXACÓPTERO UCRANIANO
Mientras el sistema estadounidense vigila el cielo desde el suelo, en las líneas de frente de Ucrania opera un protagonista muy distinto que comparte el mismo apodo. El dron Vampire, desarrollado por la empresa SkyFall, es un hexacóptero de gran tamaño que se ha ganado una reputación legendaria entre las tropas. A diferencia de los pequeños drones kamikazes que se han vuelto virales en redes sociales, este dispositivo es un bombardero pesado diseñado para la supervivencia y la persistencia.
Su fisionomía de seis motores no es una elección estética; esta configuración le otorga una estabilidad crucial y la capacidad de seguir volando incluso si uno de sus motores resulta dañado por el fuego enemigo. Es una pieza de ingeniería adaptada a la necesidad extrema, siendo capaz de transportar hasta quince kilogramos de carga útil. Esta capacidad le permite cargar minas antitanque pesadas, como las TM-62, o granadas de mortero de gran calibre, transformándolo en una artillería volante de alta precisión que puede destruir blindados pesados desde su punto más vulnerable: la parte superior.
El nombre «Vampire» le encaja a la perfección debido a su operatividad. Al ser un dron de dimensiones considerables, resulta un blanco fácil durante las horas del día, por lo que su dominio absoluto comienza cuando el sol se oculta. Equipado con cámaras térmicas de alta resolución, este hexacóptero puede «ver» el calor emitido por los motores de los tanques y el cuerpo de los soldados en la oscuridad total. Los soldados rusos, aterrorizados por su presencia invisible, lo han bautizado como Baba Yaga, haciendo referencia a la bruja del folclore eslavo que acecha en las sombras. A diferencia de otros drones, el Vampire no es una misión de un solo viaje; utiliza señales GPS para posicionarse con exactitud milimétrica, suelta su carga letal y regresa a su base para ser recargado y volver a cazar.
Para complicar aún más el panorama de la guerra aérea, ha surgido una tercera variante que a menudo se confunde con el Vampire por compartir el horario nocturno de caza: los llamados Drones Dragón. Aunque su silueta puede ser similar a otros UAV, su propósito es el terror incendiario. Estos dispositivos no lanzan bombas convencionales, sino que rocían termita, una mezcla metálica que alcanza temperaturas superiores a los dos mil quinientos grados Celsius. Su objetivo es desintegrar las posiciones defensivas ocultas en los bosques, quemando la vegetación y el equipo enemigo en una lluvia de fuego líquido que es virtualmente imposible de extinguir con métodos convencionales.

UNA NUEVA ERA PARA EL COMBATE
La coexistencia de estos sistemas bajo nombres similares subraya una transición histórica en la táctica militar. Por un lado, el sistema VAMPIRE de L3Harris representa la sofisticación de la industria de defensa tradicional, buscando soluciones modulares y económicas para un problema nuevo. Por otro lado, el dron Vampire ucraniano es el símbolo de la resistencia técnica, un dispositivo nacido de la urgencia que ha logrado poner en jaque a ejércitos convencionales mediante el uso inteligente de la visión térmica y la carga pesada.
Cuando se habla de «Vampiros» en el frente actual, se habla de un ecosistema tecnológico donde la visión nocturna y la precisión son las nuevas divisas de poder. Ya sea una camioneta equipada con cohetes láser defendiendo el cielo o un hexacóptero silencioso soltando minas sobre un convoy blindado, estos sistemas han demostrado que la oscuridad ya no es un refugio, sino un campo de batalla donde la tecnología decide quién sobrevive hasta el amanecer. La guerra ha cambiado de forma, y estos depredadores tecnológicos son los encargados de escribir sus capítulos más oscuros y determinantes.






