El sistema inmunitario es ese ejército silencioso que se activa sin que lo veamos cada vez que un virus intenta abrirse paso, sin necesidad de hacer ruido, ni pedir permiso, simplemente trabaja, y cuando lo hace, baja el apetito, sube la temperatura, y aparece el cansancio. Justo cuando más necesitamos nutrientes, menos ganas tenemos de comer, lo que parece una contradicción, pero en realidad hay lógica biológica detrás.
El sistema inmunitario consume energía, mucha más de la que imaginamos, y para sostener esa batalla interna necesita líquidos, proteínas, vitaminas y minerales. Por eso, aunque el cuerpo nos pida cama y silencio, la alimentación sigue siendo una pieza clave en la recuperación. No hay alimentos milagro, pero sí elecciones que pueden ayudar al sistema inmunitario a responder mejor y a que el proceso sea más llevadero.
1Por qué se va el apetito cuando estás enfermo
Cuando el sistema inmunitario entra en acción, el organismo prioriza recursos, y parte de esa estrategia implica reducir el hambre, algo que tiene raíces evolutivas. Hace miles de años, buscar comida estando débil implicaba riesgos y un gasto extra de energía, pero hoy no tenemos que salir a cazar ni exponernos a depredadores, aunque ese mecanismo sigue ahí, recordándonos que el cuerpo no está diseñado para la comodidad, sino para la supervivencia.
Además, el cuerpo cambia la forma en que obtiene energía durante una infección. Normalmente funciona con la glucosa de los alimentos, pero en ciertos contextos puede recurrir a reservas de grasa. Este ajuste metabólico puede proteger tejidos frente a la inflamación en algunos casos, aunque la ciencia todavía investiga cómo varía según el tipo de patógeno. No todas las infecciones generan la misma respuesta, y el sistema inmunitario no actúa igual frente a un virus que frente a una bacteria.






