El sistema inmunitario es ese ejército silencioso que se activa sin que lo veamos cada vez que un virus intenta abrirse paso, sin necesidad de hacer ruido, ni pedir permiso, simplemente trabaja, y cuando lo hace, baja el apetito, sube la temperatura, y aparece el cansancio. Justo cuando más necesitamos nutrientes, menos ganas tenemos de comer, lo que parece una contradicción, pero en realidad hay lógica biológica detrás.
El sistema inmunitario consume energía, mucha más de la que imaginamos, y para sostener esa batalla interna necesita líquidos, proteínas, vitaminas y minerales. Por eso, aunque el cuerpo nos pida cama y silencio, la alimentación sigue siendo una pieza clave en la recuperación. No hay alimentos milagro, pero sí elecciones que pueden ayudar al sistema inmunitario a responder mejor y a que el proceso sea más llevadero.
3La importancia de notar las señales del cuerpo
Si hay algo que el sistema inmunitario agradece casi siempre es la hidratación, ya que la fiebre, sudoración, vómitos o diarrea pueden agotar rápidamente las reservas de líquidos y beber a sorbos agua, infusiones suaves o bebidas con electrolitos bajos en azúcar puede marcar la diferencia. Cuando no apetece masticar, un batido o un smoothie puede aportar proteínas y vitaminas sin exigir demasiado esfuerzo.
También es importante escuchar al cuerpo; por ejemplo, algunos alimentos picantes pueden aliviar la congestión en unas personas y empeorar las náuseas en otras. Las bebidas frías pueden calmar la garganta, pero si hay mucha mucosidad quizá no sean la mejor opción. Así que no todo funciona igual para todos, y el sistema inmunitario, en su complejidad, envía señales que vale la pena atender y entender para saber qué darle al cuerpo.






