El simple hábito que fortalece tu salud mental: comer acompañado

En medio de agendas apretadas y cenas frente a pantallas, el simple gesto de sentarse a comer con otras personas puede marcar la diferencia en la salud mental, reforzando vínculos y convirtiéndose en un pequeño impulso para contrarrestar la soledad.

La salud mental no siempre se cuida con grandes decisiones ni con terapias sofisticadas, sino que muchas veces empieza en algo tan cotidiano como sentarse a la mesa con otras personas. En un momento en el que la soledad se ha convertido en una palabra habitual en estudios y titulares, recuperar el hábito de comer acompañado puede ser más transformador de lo que parece.

La salud mental también se construye en los pequeños rituales diarios, y compartir una comida es uno de los más antiguos que existen. Sin embargo, en muchas sociedades modernas ese gesto casi sagrado ha ido desapareciendo, sustituido por cenas frente a pantallas, horarios imposibles y platos rápidos que se comen de pie. Lo que antes era un espacio de encuentro hoy compite con notificaciones y agendas saturadas.

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Comer juntos es mucho más que tradición

“Acto cultural”. Fuente: Freepik

En culturas mediterráneas, latinoamericanas o del sudeste asiático, la mesa compartida no es un lujo, es parte de la vida. Los platos circulan, la conversación se alarga y nadie se levanta hasta que todos han terminado. Esa práctica, que puede parecer simplemente cultural, tiene un impacto directo en la salud mental porque refuerza el sentido de pertenencia.

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El Informe Mundial sobre la Felicidad 2025 señala que compartir comidas es uno de los factores que mejor predicen el bienestar, al nivel de variables como el empleo o los ingresos. Los países donde se comparten más comidas también reportan mayores niveles de apoyo social y menos soledad. No se trata solo de comer, sino de sentirse acompañado en un mundo que cada vez empuja más hacia el aislamiento.

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