El simple hábito que fortalece tu salud mental: comer acompañado

En medio de agendas apretadas y cenas frente a pantallas, el simple gesto de sentarse a comer con otras personas puede marcar la diferencia en la salud mental, reforzando vínculos y convirtiéndose en un pequeño impulso para contrarrestar la soledad.

La salud mental no siempre se cuida con grandes decisiones ni con terapias sofisticadas, sino que muchas veces empieza en algo tan cotidiano como sentarse a la mesa con otras personas. En un momento en el que la soledad se ha convertido en una palabra habitual en estudios y titulares, recuperar el hábito de comer acompañado puede ser más transformador de lo que parece.

La salud mental también se construye en los pequeños rituales diarios, y compartir una comida es uno de los más antiguos que existen. Sin embargo, en muchas sociedades modernas ese gesto casi sagrado ha ido desapareciendo, sustituido por cenas frente a pantallas, horarios imposibles y platos rápidos que se comen de pie. Lo que antes era un espacio de encuentro hoy compite con notificaciones y agendas saturadas.

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Lo que ocurre en el cerebro cuando compartimos la mesa

“Estimulación del cerebro”. Fuente: Freepik

La salud mental tiene una base biológica, y comer acompañado activa mecanismos muy concretos. Estudios en neurociencia muestran que las comidas sociales estimulan el sistema de endorfinas del cerebro, además de activar vías relacionadas con la oxitocina y la dopamina, sustancias vinculadas al vínculo, la confianza y el placer. En otras palabras, compartir la mesa no solo es agradable, es químicamente reconfortante.

Investigaciones en adultos mayores y adolescentes apuntan en la misma dirección. Quienes comen regularmente con otras personas presentan menos síntomas de estrés, ansiedad y depresión. La salud mental mejora cuando hay espacios seguros de conversación, cuando la rutina incluye momentos de conexión real. La mesa se convierte así en una especie de refugio cotidiano frente a la presión externa.

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