Por qué Olot es una de las escapadas más sorprendentes de Cataluña

Olot es de esos lugares que no hacen mucho ruido, pero cuando llegas te preguntas cómo no lo descubriste antes, y te conquista con sus volcanes dormidos, sus bosques que parecen sacados de un cuento y su gastronomía que nace literalmente de la tierra.

Olot no siempre fue el lugar tranquilo y verde que hoy sorprende a quienes llegan por primera vez, pues hace miles de años, este rincón del interior de Cataluña era un territorio dominado por volcanes activos, cenizas y lava, un paisaje duro que obligaba a vivir con cautela y respeto a la naturaleza. Con el paso del tiempo, cuando el fuego se apagó y la tierra se volvió fértil, ese pasado volcánico empezó a transformarse en uno de los entornos naturales más singulares de la península.

Hoy, Olot es una ciudad viva, cómoda y acogedora, capital de La Garrotxa y punto de partida perfecto para una escapada que mezcla naturaleza, historia, arquitectura y gastronomía sin necesidad de grandes desplazamientos. Su tamaño humano, su ritmo pausado y su entorno hacen que sea fácil entender por qué cada vez más viajeros la eligen para desconectar, caminar sin prisas y dejarse sorprender por detalles que no aparecen en las guías rápidas.

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Historia, pueblos y sabores que nacen de la tierra

“Una tierra llena de verde”. Fuente: Wikipedia

La fertilidad volcánica también ha definido la historia y la cocina de la zona. Cerca de Olot, el pueblo de Santa Pau es famoso por sus judías, los fesols, considerados entre los más delicados de la gastronomía española por su textura suave y su sabor limpio. Pasear por sus calles empedradas, cruzar sus portales medievales o asomarse a su castillo es una forma sencilla de viajar varios siglos atrás sin esfuerzo.

En Olot y su entorno, la historia no se concentra solo en monumentos aislados, sino que se percibe en el trazado urbano, en iglesias como Sant Esteve o en el santuario del Tura, y también en las masías reconvertidas en restaurantes donde el producto local manda. Comer aquí es entender el paisaje a través del plato, una cocina que no necesita artificios porque la tierra ya hace gran parte del trabajo.

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