Este es el pueblo de Murcia con un casco histórico gigantesco y una ciudad perdida

En el interior de Murcia hay un pueblo donde la historia no se visita, se camina, un pueblo que presume del casco histórico más grande de la región y de una ciudad perdida que durante siglos fue casi un mito, con cuestas empedradas y muros antiguos que parecen susurrar que el pasado sigue muy vivo.

Murcia guarda pueblos que no se entienden a la primera mirada, lugares donde cada calle parece esconder una historia y cada piedra tiene memoria. En el interior de la región, lejos del ruido y de los tópicos más repetidos, hay una localidad que sorprende por la dimensión de su pasado y por la forma en que lo conserva casi intacto. Aquí, la historia no se cuenta en paneles turísticos, se pisa, se sube y se baja por cuestas empedradas que llevan siglos viendo pasar generaciones.

En Murcia, pocos lugares condensan tantos siglos en tan poco espacio como Cehegín, un pueblo que presume del casco histórico más grande de la región y de una ciudad desaparecida que durante siglos fue casi una leyenda. Desde duelos a muerte en pleno siglo XVII hasta una antigua sede episcopal visigoda enterrada bajo campos de cultivo, este rincón murciano ofrece un viaje continuo entre épocas, con la sensación constante de estar caminando sobre capas de historia superpuestas.

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Un casco histórico en Murcia que se recorre en vertical

“Casco histórico de Cehegín”. Fuente: Wikipedia

El casco antiguo de Cehegín no se recorre en línea recta, se asciende y se desciende. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, es el más extenso y mejor conservado de Murcia, un entramado de calles estrechas que desembocan en plazas, miradores y rincones desde los que se domina el valle del Argos. Desde lo alto, la vista ayuda a entender por qué este lugar fue estratégico durante siglos y por qué aquí la arquitectura religiosa y civil se multiplicó en la Edad Media.

La iglesia de Santa María Magdalena, Monumento Nacional, es el corazón monumental del conjunto. Levantada sobre una antigua mezquita y construida en parte con sillares reutilizados de Begastri, guarda en sus muros restos visibles de ese expolio histórico. Su campanario neomudéjar, terminado en el siglo XVIII, ofrece una de las mejores panorámicas del pueblo. A su alrededor, palacios barrocos, casas nobles del siglo XVIII y edificios populares más antiguos conviven sin estridencias, creando una imagen coherente y muy poco habitual incluso dentro de Murcia.

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